Yoga

Para Emmanuel Carrere, la literatura –o al menos el género autobiográfico que él practica- es el lugar donde no se miente. En Yoga, con sinceridad descarnada, el autor nos vuelve testigos de la historia de sus últimos años. Ya el epígrafe preanuncia el trabajo de investigación incisivo y elocuente al que se encomendó:

“Cuando saquéis lo que hay dentro de vosotros, eso que tenéis os salvará. Si no tenéis eso dentro de vosotros, eso que no tenéis dentro de vosotros os matará.” (Evangelio apócrifo de Tomás)

Las primeras ciento veinte páginas narran de manera atrapante la experiencia de Carrere en un retiro espiritual de yoga y meditación. Es el material vivo para su pretensión inicial, que no tarda en revelarnos, de escribir “un ensayo risueño y sutil sobre el yoga”. Dice bien claro, con una de las múltiples definiciones de las que se vale en esa trama, que la meditación es dejar de contarse historias. Entonces, esta tensión entre su ser espiritual y su ser escritor empieza a tomar la voz narrativa, que hila con talento los sucesos y construye una visión de mundo potente y que emociona, a la vez que nos muestra sin pudor cómo trabaja en el mismo libro.

Lo que interrumpe en el relato su estancia en el retiro es el atentado de Charlie Hebdo. El protagonista –en el caso de Carrere muchas veces es posible usar autor, protagonista y narrador casi de manera intercambiable- es avisado, y se entera luego de que un amigo suyo es una de las víctimas fatales. Este primer gran acontecimiento del exterior que vemos irrumpir traerá la pregunta de cómo es la relación entre estas disciplinas del espíritu y los dramas y conflictos del mundo. Pregunta que le interesa al autor particularmente para expresar su postura moral en juego con la postura espiritual que venía desarrollando, y que va a volver en el apartado ficcional con la cuestión de los refugiados.

Después de esto vendrán las malas señales en su vínculo de amante, una separación solapada, y una profunda depresión que deriva en una internación de cuatro meses y un diagnóstico de trastorno bipolar. Luego –ante la imposibilidad manifiesta de contar con verdad lo que pasó con su exmujer- llegará el capítulo de ficción: un tímido renacimiento como deriva sentimental para restaurar su fe.

Entonces, la trama casi ensayística de la primera parte sobre el yoga y la meditación se nos revela posteriormente como el reverso -latentemente especulativo- de la historia de su crisis personal. “Yo creía que mi razón era sólida, que estaba bien enclavijada en el cuerpo gracias al amor, al trabajo, a la meditación.” Reconoce el escritor francés en el comienzo de su estado depresivo, con un tono que se va a volver cada vez más íntimo.

Yoga es un intento de narración y registro del tránsito continuo entre el interior y el exterior. Es un ejercicio, en definitiva mental, de largo aliento, cuya pretensión final y más elaborada no es llegar a una síntesis superadora ni a un equilibrio. Sino exponer, desplegar, y sobre todo reconocer cada parte, cada momento que puede tener una vida. Y también inspirar y expirar bien.

Hay escenas que retratan la concentración y otras la vivencia pura. Carrere se muestra a gusto yendo y viniendo. Pero así como reconoce que la mayoría de las veces son dos instancias bien separadas, lo que más le interesa, y también donde la prosa más se luce, es en el pasaje: cuando se hace yoga teniendo sexo, o cuando se pierde la conciencia bailando la polonesa heroica de Chopin. Cuando uno se enamora perdidamente. Es decir, el acceso a lo espiritual a través de la potencia del cuerpo. El camino de la intensidad, el éxtasis, el dejarse ser. El autor está comprometido en convencernos, no sin humor, que “puede calificarse de yoga a todo aquello a lo que uno se dedica con seriedad y amor, desde el kungfú hasta el cuidado de una motocicleta”.

Y por este diálogo entre luz y oscuridad absoluta es que hay novela. Es por este movimiento, por esta oscilación, que hay vida. Y en el caso de Carrere, ya aprendimos que si hay vida, hay literatura. Como lectores, contamos con este libro porque el escritor no se encaminó mansamente al estado beatífico prometido.

Es un libro que recorre con dolor los bordes, el pasaje, la dimensión compartida entre cuerpo y mente. Es un libro sobre el lado abierto de las cosas. Sobre salir y entrar, sobre la alegría pura y la sombra, sobre los límites de la razón y las posibilidades -y límites- de la conciencia. El famoso yin y yang. Y es una historia que da cuenta de lo difícil que es vivir, y poder sentirse bien.

Por: Nicolas Villarino

Arte: Matilde Néspolo