“Reinos” es mirar hacia atrás y sabernos portadoras de un legado

Margarita encuentra el diario íntimo que su abuela Leonor escribió durante su juventud. El hallazgo, en un principio, llega como alivio al dolor de una pérdida, una forma de seguir en contacto con un ser amado. Pero a medida que se introduce en el material descubre en él un portal que da vida a Reinos, la obra que escribió y dirige junto Romina Paula y Agustina Muñoz.
Esta puesta coral cuenta con las actuaciones de Rosario Bléfari, Mariana Chaud, Camilo Polotto, Susana Pampín, y Mariano Saborido y pone al diálogo como verdadero protagonista de la obra.
Reinos nos lleva a la vida de una familia que vive en el campo y que constantemente intercambia conversaciones acerca de distintas temáticas, como un eterno fogón avivado por la curiosidad y la imaginación.
Hablamos con Margarita acerca de cómo fue la gestación de este fuego:

— Contanos qué sucede desde el encuentro con este diario


— El diario lo encuentra mi mamá. Mi abuela muere en 2011 y unos meses después se tiene que vaciar la casa para venderla y ahí surge el encuentro. Yo soy la primera a la que se lo cuenta por razones obvias: mi mamá es única hija mujer y yo soy la única hija mujer de mi mamá, hay algo de ese legado. Cuando me muestra el diario, me vuelvo loca por el objeto, todavía sin saber lo que decía. Cuando empezamos a rastrear si tenía fechas, o alguna información similar se nos complicó porque no es fácil de mirar; son hojas escritas a mano, tamaño carta, papel cuadriculado, muy chiquitito a tinta, perfecto, con una prolijidad inmaculada. Después de un tiempo de trabajo nos dimos cuenta de que era de sus dieciocho años, de la década del treinta al cuarenta, más o menos.


— ¿Y ya en ese encuentro surge la idea de la obra?

—Yo empiezo a leer el diario a cuentagotas, porque me costaba mucho leerlo. Físicamente porque era muy chiquito, no entendía la letra,  y además porque yo estaba todavía muy afectada por su pérdida. Fueron muchos años. Empecé la transcripción en el 2013, y después me fui dando cuenta de que el material era bueno, de que no era sólo mi abuela, sino que yo sentía que su modo de escribir, las cosas que decía y el modo en que las decía eran muy hermosas. Había algo particular ahí. Además, mi abuela no fue a la escuela, ni terminó la primaria y escribe como una persona formada. Entonces entendí que no es que no iba a la escuela porque no podía, sus hermanos fueron a la universidad y hasta viajaron afuera, era mujer y se quedó en el campo. Ahí vi que había algo interesante.

—¿Y cuando lo compartiste con tus compañeras?

—Lo leí una vez en un intercambio feminista en una galería. Ahí tuve unas devoluciones hermosas. Y en un momento dije: “esto es algo que no tiene que ver con mi abuela solamente”, entonces pensé en Agus y en Romi porque las quiero, porque las admiro y porque pensé que el material podía interesarles, y así fue. Con las chicas decimos que la obra no la escribimos de a tres, que somos cuatro autoras.

—La abuela como autora y canal…

—Sí, mi abuela es una excusa y un canal para ponernos a convocar temas y asuntos que a nosotras nos ocupan hoy y ya le ocupaban a ella allá en el campo. Nos dimos cuenta de ese lazo. Y para mí es una demostración de que todo lo que a nosotras nos interesa hoy ya venía latiendo hace rato en esas mujeres, incluso con esas vidas totalmente disimiles de las nuestras. Entonces me parece que ahí es donde la obra trasciende a mi abuela: no queremos hablar de ella, queremos hablar de muchas otras cosas y este diario fue medio el portal.

—¿Cuándo comenzaron con las lecturas?

—La ronda arrancó un año y medio antes de estrenar. Nos juntábamos a leer el diario y después nos fuimos expandiendo: de leer el diario nos íbamos a Sara Gallardo, de Sara Gallardo a Virgina Wolf, y así con más autoras. Leíamos a la abuela en conjunto en una mesa con comida y después acordábamos algunas lecturas que cada una hacía en su casa. Fue muy placentero.

— La obra le da mucha importancia a los diálogos ¿cuál es el poder de la palabra en Reinos?

—Para mí el poder viene incluso del diario. Yo siento que mi abuela ahí está ejerciendo un acto de resistencia a la vida que le toca vivir.  Está resistiendo a esas cosas que deseaba y no podía tener: a no estudiar, a no viajar, a no vivir en la ciudad, porque además en el mismo diario lo dice, que se lamenta de no poder escribir cuando tiene mucho trabajo porque es su canal de expresión. Ahí la palabra se vuelve fundamental en su vida. Entonces, haciendo un puente, en el caso de mi abuela la palabra es escrita e íntima y en nuestro caso es colectiva y pública. En Reinos prima la figura de la conversación porque son pensamientos que se arman colectivamente. Lo que tiene de interesante la obra en relación a la palabra es que es colectiva, es dudosa, está todo el tiempo en estado de pregunta y todo el tiempo rebota en otra persona.

— Se habla de paternidad, de maternidad, la vida y la muerte, la sexualidad y también del lenguaje ¿cómo surgen estas temáticas?

—No las fuimos decidiendo de antemano. A partir de estas lecturas colectivas fuimos escribiendo las tres a la vez en un drive común, pero cada una escribía lo suyo. En general nos leíamos lo que habíamos escrito en los encuentros y entonces nos dimos cuenta de que había muchos temas en común, como que descubrimos que lo que estaba diciendo una voz lo podía decir otra. Escribimos diálogos, voces, pensamientos, no sabíamos cuáles eran los personajes, no lo pensábamos con un arco dramático, está armado mucho más desordenadamente. Cuando pusimos a dialogar esos tres materiales fuimos agrupando esas temáticas que ya estaban ahí.


—¿Creés que es posible generar este espacio de reflexión en la vida citadina?

— Creo que el teatro es un lugar que lo permite, y pienso que en la conversación con otras personas también se da. En eso que está tomado como una cosa trivial y mundana hay mucha más profundidad y encanto del que creemos. Hay algo de lo inesperado a lo que te puede llevar una conversación, porque nunca sabes hacia dónde va. Por eso el teatro para mí es un lugar de reflexión. Como que a nosotras nos llegue este diario, por ejemplo. Como algo de los lugares que las mujeres y las disidencias estamos pujando para hacernos hoy y que vienen hace mucho buscando ese espacio. Reinos es eso, es mirar hacia atrás y sabernos portadoras de un legado que viene hace mucho. Y seguir ramificándolo.

—Que recomendás tener en Agenda:

—“El tiempo es lo único que tenemos” que reúnen Agus Muñoz y Bárbara Hang. Es un libro que tiene que ver con la actualidad en las artes performáticas y lo recomiendo porque, por lo general, no se producen tantos textos con esa temática; hay que saber otro idioma para leerlo, entonces tener acceso a este pensamiento tan actual sobre las artes performáticas traducido y editado acá es un lujo para mí.

Reinos presenta su última función en el Teatro Sarmiento (Sarmiento 2715), este domingo a las 20:30 hs.

Por Lala Sosa
Fotos de Carlos Furman