En esta entrevista nos adentramos en la Retrospectiva de Leticia Mazur mediante la improvisación, los vínculos y el autodescubrimiento artístico.
AF: Ante todo quería preguntarte por tu evolución en la danza, porque vi que empezaste desde muy chiquita con gimnasia deportiva. Entonces, ¿cómo fue que la danza llego a ser una parte fundamental de tu vida?
LM: De chica era más intuitivo como le pasa a la mayoría de los nenes y nenas que están muy del cuerpo, con la necesidad del movimiento. En realidad a los 3 años hacia expresión corporal y después como mi papa trabaja en el club Hebraica hice muchos años gimnasia deportiva, de 3 a 5 hice expresión corporal y después lo que me paso fue que tenía mucha necesidad de seguir el cuerpo y el movimiento. Hice en el mismo club dentro de lo que había danzas israelíes, también tres años, y en un momento se notaba que yo quería hacerlo en serio, entonces me llegó la información de la Escuela Armar Danza Teatro y cuando entré ya era todos los días. Tenía diferentes técnicas de danza contemporánea y música, composición, improvisación, ballet. Ahí ya entré a relacionarme con el mundo de la danza contemporánea, la danza teatro y todo eso que estaba empezando a aparecer en la escena local.
AF: ¿Cómo fue el tiempo que estudiaste en Bélgica?
LM: Me paso que yo quería seguir estudiando más intensamente, y no es que yo me quería ir a vivir a Europa pero ahí podía encontrar la oportunidad, porque la escuela esta que te digo cerro y no la pude terminar, entonces no sabía dónde seguir. Me contaron de esta escuela que funcionó y sigue funcionando en Bruselas y me fui a dar la audición. Quedé y estuve estudiando un tiempo ahí también.
AF: ¿Cómo llegaron estas 5 obras a ser parte de la Retrospectiva que estás presentando en el teatro sarmiento? ¿Las elegiste por algún motivo especial?
LM: Esto es un proyecto que se llama Artista en Residencia. Lo creó Vivi Tellas que es la directora artística del Teatro Sarmiento. Este proyecto está diseñado de esta forma: se invita a un artista a que trabaje un tiempo en el teatro y haga una retrospectiva de tus obras y también una obra nueva. Entonces todo eso es la residencia. Las obras de la Retrospectiva, bueno, yo seleccioné qué obras quería que sean parte de la retrospectiva y en agosto ya se estrena la obra nueva que estoy ensayando que se llama Fantasticón.
AF: ¿Cómo sentís esta oportunidad de poder ser parte del complejo teatral de bs as?
LM: En principio es muy particular esta propuesta, porque son muchas obras, entonces ensayar de pronto cinco obras al mismo tiempo es super intenso. Está buenísimo a nivel crecimiento, y a nivel oportunidad y a nivel aprendizaje. Es muchísimo trabajo, muchísimo, pero es buenísimo también. Yo estoy muy contenta de poder ver las obras, de bailarlas las que bailo y de ver las que estoy dirigiendo fuera. En el Teatro Sarmiento me gusta mucho, se ven muy bien las obras, se escuchan muy bien, entonces hay algo de la calidad visual que logra una obra en un espacio que tiene toda esa infraestructura que es como si pusiera la obra en una versión muy buena. Entonces eso para mí fue una sorpresa poder ver las obras después de muchos años con esa fuerza. Es como cuando ves una película y la ves en mala calidad y después en buena calidad; de pronto la imagen la luz y el sonido tienen muy buena calidad y eso a la obra le hace muy bien y hace que crezca. Y también hay algo del complejo teatral que tiene un alcance a públicos que a veces no se acercan por ahí a la danza o al tipo de danza que hago yo que es más del mundo independiente y muy diferente a la danza que suele programar la compañía estable del Teatro San Martín, que tienen por ahí otra formación. Entonces hay algo de ese lenguaje que es más experimental que me parece genial que pueda estar en un espacio oficial como el del complejo teatral.
AF: Watt se basa mucho en la improvisación, ¿cómo la preparaste para que fuera posible y qué hace que quieras hacerlo? ¿Cómo vivís esa experiencia?
LM: Watt justo es la obra más vieja, tiene 15 años, la dirigimos con Inés Rampoldi y Paulino Estela en el 2004 a partir de entrar nosotras en contacto con la improvisación junto con la música electrónica. En ese momento no era tan habitual escuchar música electrónica y menos aún en obras de danza. Entonces había algo de unir los mundos de bailar con una necesidad vital, como algo que hace bien a cualquier persona con el hecho de ser bailarinas y que sea a lo que nos interesa dedicarnos, juntar el mundo de la investigación del movimiento con el hecho de bailar en sí mismo como algo primario. Entonces apareció esa unión y el tema también es distinguir, hay algo de como yo trabajo la improvisación en las obras que es super trabajado, improvisar no significa hacer cualquier cosa, sino que se entrena y se investiga muchísimo sobre que terreno se improvisa para luego tener herramientas para improvisar y que el hecho de improvisar eleve más la performance que si estuviera coreografiada. Hay algo del riesgo de tomar decisiones en vivo que se entrena mucho para poder llegar a esa instancia, no es que por improvisar se trabaja menos. Al contrario, se trabaja muchísimo para que el terreno sobre el cual se improvisa este muy desarrollado y con muchas herramientas, mucha confianza y entender sobre qué zonas uno va tomando decisiones en el momento en vivo. Entonces en Watt hay toda una estructura que no es que es super ajustada, es como un reloj, pero dentro de eso hay zonas donde se improvisa y se tiene como un aspecto dentro de lo que se baila, dentro de muchas decisiones ya tomadas y muy trabajadas.
AF: Me imagino que esto de improvisar debe producirte algo diferente…
LM: A mí me gusta mucho la improvisación. Desde esa época, cuando creamos Watt, seguí investigando mucho la improvisación en el espacio de clases. Yo doy clases hace muchos años y no enseño una forma de bailar o una técnica en especial sino que voy investigando herramientas para el autoconocimiento y para que cada persona con su cuerpo desarrolle su propio modo de bailar. Entonces para eso la improvisación es fundamental porque cada uno necesita herramientas para conocerse y se necesita mucho coraje y decisión para encontrarte con cosas que ni sabes de vos misma/o. Hay algo de búsqueda y de deseo a través del cuerpo y del movimiento con conocerse. Entonces estas herramientas que desarrollo en las clases también me sirven mucho para las obras y viceversa. Los proyectos de las obras también me dan mucha información para seguir investigando en las clases.
AF: ¿Consideras que hay una especie de hilo conector entre las obras, ya sea desde lo corporal o temático?
LM: Yo no diría un hilo conector, temático seguro no porque son muy diferentes las obras y de hecho también la selección de obras tiene eso. Son bien diferentes estéticamente, los contenidos, las dinámicas, las puestas… y a mí eso me gusta. Yo no estoy del lado de las definiciones, entonces desde esta perspectiva de mi trabajo se ven trabajos diversos, me gusta que una persona pueda hacer obras tan distintas, como que en ese sentido el hilo conector es lo opuesto. Tiene que haber diversidad, yo no me defino de una manera entonces no es que mi obra es de tal aspecto. Digo, me relaciono mucho con lo que me va pasando en la vida, lo que me interesa, las personas con las que me estoy vinculando, las cosas que fui leyendo. Hay algo de eso que todo el tiempo me está nutriendo y me dejo llevar; también me involucro con las personas en los procesos creativos de cada obra que son muy en equipo desde las diferentes áreas, entonces yo veo los videos o las imágenes de las obras y digo que bueno que todo esto sea tan diferente.
Si se quiere lo que sí siento que es un valor para mí es el momento de dirigir, ahora que estamos ensayando Fantasticón, son tres bailarines con muchísima formación porque es una obra de mucha complejidad coreográfica, de mucho despliegue, y se necesita una formación profesional. Pero no necesariamente necesito que se vea eso en todas las obras y me gusta una persona conmovida por lo que es capaz de hacer con su cuerpo más allá de que se note que no tiene una formación académica, y eso me gusta.
Lo que puede haber en común es que para mí es importante que en las obras aparezca la necesidad de que eso esté pasando en vivo, esto que hace que una obra sea de la materia, del tiempo, del espacio y del cuerpo, y no de algo que podría ser dicho o de algo que podría ser sintetizado en una imagen. Como si fuera propio de esa experiencia que tiene que ver con lo vivo, con lo escénico con el mundo de la experiencia, no con el mundo de las palabras, el mundo de los discursos, el mundo de las ideas. En ese sentido sí, siento que todas las obras tienen ese modo de estar en vivo y ser necesarias de suceder en vivo. La materia de la obra escénica es el estar en vivo ahí, el cuerpo ahí, vivo. No es un relato, no estaría diciendo algo en relación a una idea, es el cuerpo ahí contando con su materia, su tiempo y su espacio. Yo creo mucho en los rituales, hay algo del teatro y la danza que mantiene su valor ritual, y me parece fundamental que la gente perciba eso en las obras.
AF: Por último, ¿Qué recomendás tener en agenda permanente?
LM: Recomiendo Petróleo de Piel de lava y el trabajo de Matías Feldman.
Por Ludmila Gonzalez
