Entrevista a la filósofa y socióloga Maristela Svampa, sobre su libro El colapso ecológico ya llegó: una brújula para salir del (mal)desarrollo. Dialogamos sobre el problema de la ley de humedales, las megagranjas porcinas y el modo en que el ecofeminismo avanza sobre el territorio Latinoamericano.
“El colapso ecológico ya llegó” se publica al mismo tiempo en que el coronavirus es declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud ¿Por qué es tan peligroso que la clase política mundial use un discurso bélico e identifique al virus con un “enemigo invisible”?
El problema mayor es que confundamos el síntoma con las causas. El discurso bélico, la metáfora bélica, está encubriendo una problemática mayor que está vinculada al hecho de que el COVID-19, como ya sucedió con la gripe aviar, la gripe porcina, el SARS, está ligado a un virus altamente infeccioso de carácter zoonótico. Estamos haciendo referencia a un virus que salta de los animales a los seres humanos y cuyas causas responde a la deforestación descontrolada, a la destrucción de ecosistemas silvestres, a las megas factorías de cerdos, aves que son el caldo de cultivo de estas pandemias. Son todos elementos que tienen que ver con la consolidación de modelos de mal desarrollo altamente insustentables. Es por esta razón que considero que es necesario abrir la agenda a las problemáticas socioambientales que están detrás de esta crisis sanitaria. Eso es lo fundamental.
Pensando en que el agronegocio, la soja transgénica, la megaminería, la extracción de litio y el Fracking se proponen como modelos de desarrollo económico, pero que son altamente contaminantes ¿Es posible pensar el desarrollo sustentable sin cambiar el paradigma de extractivismo y de cosificación de la vida?
Lo primero que hay que decir es que el perfil metabólico de nuestras sociedades es insostenible, insustentable, no solo referido al modelo de explotación y apropiación de la naturaleza, que está en la base de todos los extractivismos, sino también con respeto del modelo de consumo y de producción de los desechos, y la circulación también de esos bienes.
Entonces hay que tener una mirada integral. Y esa mirada integral lo que pone de manifiesto es la insustantibilidad de nuestros modelos de desarrollo. Con lo cual es necesario sin duda desvincular nuestras estructuras sociales y económicas e inclusive nuestras estructuras mentales, del extractivismo, del consumismo. Estos modelos apuntan claramente al tejido de la vida; a destruir el tejido de la vida. Expresan una guerra contra la naturaleza que hoy está poniendo en juego la posibilidad de reproducción de la vida.
¿Cuál es tu opinión sobre el posible acuerdo de megafactorías de cerdos con China y su impacto ambiental? En este caso son confusos los intereses y beneficios estatales y empresariales ¿Esto es una constante en proyectos de desarrollo?
Como sabrán, yo fui una de las impulsoras de la primera declaración sobre las mega factorías de cerdos. Expulsamos un repudio que se funda en diferentes argumentos, en esa línea yo sostengo que el modelo de las mega factorías de cerdos tiene diferentes aristas que lo hacen insustentables. Desde el punto de vista socioambiental es insustentable y no lo olvidemos, la cría de animales a gran escala es un caldo de cultivo de pandemias. Esto ha sido probado por diferentes estudios, los animales, en este caso los cerdos, aparecen concentrados, hacinados; son uniformes desde el punto de vista genético y por ellos más vulnerables a las enfermedades y en razón de ello, es necesario aplicarles grandes cantidades de antibióticos y antivirales. Aun así no se pueden evitar las epidemias que terminan o exigen el sacrificio de millones y millones de animales, como ahora aparece con la peste porcina africana. Pero además de ello son el caldo de cultivo de virus zoonóticos que pueden hacer el salto interespecie de los animales a los seres humanos. Entonces la verdad es que ante ello, ante estos impactos ambientales, sociales, a los cuales hay que agregar los impactos sanitarios cuando se instala una megafactoria en un territorio, nos resultaba muy violento tener que efectivamente aceptar, como si fuera la panacea, ésta que a todas luces es una falsa solución, que forma parte del problema. Estamos en un contexto de pandemia, hay otra pandemia que afecta a los animales que es la peste porcina africana, y el nuestro es un territorio sano todavía: por qué abrir la puerta a la posibilidad de otra pandemia en un contexto como este de encrucijada sanitaria. Yo creo que hubo, al menos logramos instalar una discusión, y también fueron numerosas las organizaciones sociales y ambientales ligadas tanto a colectivos animalistas, colectivos de soberanía alimentaria, anti extractivista que se movilizaron para repudiar la posibilidad de este convenio con China. Es necesario abrir la discusión para instalar y dar a conocer a la sociedad cuando son los impactos que tendrían este tipo de proyectos que están además lejos de asegurar una rentabilidad económica o beneficios como los que propone el gobierno. Quiero comentarles además, que estamos terminando un pequeño libro con el grupo promotor con el que impulsamos la primera declaración sobre las mega factorías de cerdos. Este libro se llama Diez mitos y verdades de las mega factorías de cerdos que quieren instalar en Argentina.
“El colapso ecológico ya llegó” es un libro construido con una gran solidez teórica y estadística ¿Cómo se enfrenta el desafío de concientizar sobre la crisis ecológica en tiempos de posverdad y desconfianza en información?
Más allá de la post verdad, de los fakes news hasta hace unos años todavía había discusiones acerca del cambio climático y hoy ya no lo hay más. En el sentido de que el terraplanismo climático hoy es cuestionado como tal, y que existe un consenso científico sobre la necesidad de avanzar en una agenda de transición socioecológica. Antes de la pandemia inclusive 11.000 científicos dieron a conocer una carta en la cual advierten sobre la necesidad de avanzar de manera más rápida y drástica en cambios que impliquen una transformación de los modelos productivos actuales. Porque efectivamente el cambio climático ya llegó, es mucho más vertiginoso y amenaza con efectos en cadena que podrían hacer muy hostil la vida en el planeta. Entonces hay un consenso científico, se está generando cada vez más un consenso social acerca de la gravedad del cambio climático y sus vinculaciones con los modelos de desarrollo insustentables. En esta línea creo yo que hay un avance, más allá de que en nuestra sociedad haya un extendido analfabetismo ambiental sobre todo en la clase política y en las élites económicas, algo que conspira a todas luces en el tratamiento integral de esta agenda.
Uno de los factores de contaminación urbana de los que se habla en el libro se vincula con el mercado inmobiliario ¿Podrías hablarnos sobre ese punto y como se relaciona con la la necesidad de una ley de protección de humedales?
Empecemos diciendo que los incendios del Delta y la destrucción de los humedales expresa detrás los intereses de un triple lobby: el lobby de los intereses sojeros que buscan expandir la frontera de la soja, esta también, el lobby de los sectores ganaderos que buscan expandir la ganadería intensiva, y está el lobby inmobiliario que busca construir más countries y barrios privados sobre humedales. Sin embargo, detrás de la embestida contra la ley de humedales hay más todavía, más intereses empresariales, porque a estos tres de por sí muy poderosos, se suma el lobby minero que en otras provincias ve con desagrado el avance de una ley de protección de los humedales porque una mina como Veladero tiene vegas de humedades o porque los Salares altoandinos también son ecosistemas frágiles, son humedales. Ahí estamos frente a la voracidad de diferentes sectores empresariales que no vacilan en seguir destruyendo ecosistemas frágiles y necesarios, en términos de regulación hídrica, que se hace mucho más urgente y necesario en el contexto de crisis climática, en términos de servicios ecosistémicos; son sectores a los cuales no les importa seguir con la destrucción de nuestros bienes comunes. Ojalá, en esa línea, el Congreso esté a la altura de poder superar y decir que no o de colocar un límite a esos intereses empresariales para sancionar una ley tan necesaria como la de los humedales. En segundo lugar, claramente, en Argentina se ha expandido un modelo urbano neoliberal muy vinculado a las urbanizaciones privadas, countries o barrios privados, que fueron una novedad en los años 2000 al calor de la globalización neoliberal y de la llamada modernización excluyente que sintetizaron la huida de los sectores medios medio/altos, ante una sociedad más insegura y más desigual. Hoy en día, vemos con mucha preocupación, que los últimos años estos emprendimientos inmobiliarios avanzan sobre ecosistemas tan frágiles como los humedales, y aún peor, avanzan con un discurso verde, un discurso que busca ligar ese estilo de vida que promete un barrio cerrado con el contacto con la naturaleza, cuando en realidad es un modelo que se asienta sobre la destrucción de la naturaleza en este caso, insisto, un ecosistema tan frágil y tan necesario en tiempos de crisis climática por los servicios ecosistémicos que presta.
¿En tu experiencia ¿Cómo se vinculan los movimientos ambientalistas y los feministas? ¿Podrías comentarnos sobre el lanzamiento del pacto ecosocial intercultural del sur?
En América Latina hay una expansión cada vez mayor de los feminismos populares, feminismos populares comunitarios, campesinos, rurales, muy ligados a la lucha contra la expansión de la frontera minera, expansión de la frontera petrolera; mujeres que denuncian los impactos de los agrotóxicos, que denuncian el desmonte y que sobre todo colocan en la agenda temas que el feminismo más urbano no ha hecho, ligados a la defensa de la tierra y el territorio, ligados a la articulación entre cuerpo territorios y naturaleza, ligados al cuidado de los ciclos de la vida. En esa línea, esos feminismos populares son ecofeministas: sintetizan esta unión entre feminismo y ecologismo. No nos olvidemos: el ecofeminismo es una corriente teórica y es un movimiento social. En realidad, no nació en las universidades sino en la calle de la mano de mujeres que buscaron cuestionar la cultura patriarcal, una cultura de muerte, muy ligada en esos tiempos a la guerra fría, y que advirtieron sobre todo el vínculo de afinidad que existe entre la dominación de la naturaleza y la dominación de la mujer. Una dominación que implica la devaluación de los territorios y la inferiorización de la mujer. En esa línea, lo que los ecofeminismos hicieron fue resignificar positivamente la relación mujer-naturaleza, una valoración positiva que se basa en el hecho de reconocernos como naturaleza; nuestros cuerpos son naturaleza. Y que efectivamente lejos de ser irracional, debe ser incorporada como un mandato esencial para la vida. Lxs ecofeministas presentan una afinidad con la cosmovisión de los pueblos originarios porque cuestionan el paradigma binario de la modernidad que separa al ser humano de la naturaleza y que considera que el ser humano es alguien independiente, autónomo de la naturaleza, llamado a controlarla, a instrumentalizarla, y lo que postula el ecofeminismo es reemplazar este paradigma binario que está en la base de la ciencia, de la tecnología que es responsable de esta catástrofe ambiental que estamos viviendo; lo que propone es reemplazarlo por una cosmovisión relacional que coloca en el centro la interdependencia, el cuidado, la reciprocidad, una interdependencia que debe ser leída como ecodependencia en nuestro vínculo con la naturaleza y que, insisto, coloque en el centro la preocupación por la sostenibilidad de una vida digna. Es en ese cruce tan potente de feminismo con ecologismo que ha nacido el ecofeminismo. Y creo yo que los feminismos comunitarios y populares antiextractivistas que hay en América Latina son una expresión de ello, por varias razones: proponen una visión relacional de la naturaleza, proponen otra visión epistemología y un diálogo de saberes que jerarquice a los saberes ancestrales y a los saberes locales, también proponen una visión espiritual en la cual la relación entre cuerpo, territorio y naturaleza este en el centro de este paradigma de los cuidados.
De lo que se trata es de generar agendas que problematicen la necesidad de buscar caminos que nos conduzcan hacia una salida, que problematicen a las falsas soluciones que buscan imponer los gobiernos de la mano de más extractivismo, que apunten a una agenda de protección de nuestros bienes comunes, a una agenda urgente de transición socioecológica, una agenda que sin duda tiene como base más bien fundamental el paradigma de los cuidados.
Por Daniela Sánchez
