La idealización de los cuerpos supone a la apariencia física como el valor máximo que puede tener una persona. Cuando los cuerpos que no cumplen con ese “ideal” son mostrados, gran parte de la sociedad siente rechazo. Es entonces que el feminismo, desde este lugar, debe luchar para que todos los cuerpos sean dueños de sí mismos y nadie se vea obligade a perseguir una meta que no existe.
No existe una única corporalidad. Pero, ¿qué se hace frente a la presión social cuando se tiene un cuerpo que es rechazado? Sophie Mohr dice que lo importante ante todo es ocupar espacios.
¿Cómo te definirías?
Modelo y gorda torta, siento que esas son identidades que me interpelan: modelo porque es mi trabajo, mi profesión, lo que amo hacer y me permite mostrar y representar mi corporalidad; gorda torta es mi identidad.
“Amor propio” como frase, qué sucede entonces con la presión social.
La frase es utópica, es muy fácil decirla, pero la sociedad te hace sentir inconforme. Mi proceso personal fue entender que la sociedad te interpela. La frase de “amor propio” es una mentira porque nunca se llega al “ideal” que quiere la industria. La industria nos quiere inconformes. Les gordes no tenemos porqué pensar que nuestro cuerpo es un cuerpo en transición. Mi cuerpo es el que habito.
¿Qué significa ser modelo en este contexto?
Empecé cuando era chica y compraba revistas en las que nunca me sentí reflejada con las modelos que aparecían, pero tampoco me sentía parte. Modelar me hizo dar cuenta que la representación importa: estar ahí es un acto político porque hay alguien que se puede sentir también identificade y verse reflejade, y ayuda a que todos los cuerpos se sientan parte. Mi fin es representar.
Aunque no todo es crecimiento: hay días buenos y días que no lo son. Creo que el mayor paso fue entender que los cuerpos tienen diferentes proporciones, colores, etnias… La diversidad existe. Pero no por ser modelo estoy en un lugar ideal. Sigo trabajando para verme a mí misma, mirarme y perdonarme por la presión que me puse todos estos años; el modelaje disidente y plus size en el que habito, con referentes como Brenda Mato, me ayudaron a ver la realidad.
¿Qué pasa con la lucha por la diversidad y el feminismo?
Hay un feminismo que quedó muy gordofóbico y eso no tiene nada que ver con su lucha. Yo soy feminista y veo que, lamentablemente, falta mucha deconstrucción pero también hay muchos avances. La gordofobia habita en muchos espacios que tienen que informarse más y, para eso espero que el proceso y la lucha funcionen.
¿Qué sucede con la incidencia en la censura que hay frente a los cuerpos que no representan el “algoritmo”?
Eso es la resistencia. Lo importante es que nosotres resistamos. Un cuerpo que es para el consumo no influye, pero un cuerpo que se muestra y no cumple con ese “ideal” es denunciado y, frente a ese odio, las plataformas responden y censuran: eso es violencia. Estamos expuestes a esa censura, pero hay que seguir mostrándose. Desde el lugar en el que estoy, que es la moda, trato de mostrar que les gordes estamos acá.
Se está tratando desde el activismo de separar la palabra gorde de la palabra obesidad. ¿Qué significan para vos estas palabras cuando el activismo plus size es atacado frente a esta falta de separación?
Eso es violencia. La diferencia básica es la patología, es algo que la gente hace normalmente y eso está mal: no toda persona gorde es obese y ser gorde no es sinónimo de tener una enfermedad. Entonces se tienen que separar urgentemente esas palabras. Ser gorde es habitar nuestros cuerpos; y de la salud se encarga cada une, no necesitamos falsa preocupación cargada de odio y de un mensaje pasivo-agresivo. Se tiene que terminar el comentario de “es por tu salud”, eso no se le dice a las personas que no son gordas porque cuando se muestra un cuerpo gordo el ataque es que se romantiza la obesidad… Lo que importa no es la salud, sino que esto es discriminación. El cuerpo gordo no tiene que justificarse, el cuerpo gordo existe.
La ley de talles busca normalizar y actualizar los talles, esto supone una inclusión, pero, ¿qué cambios implica?
La ley de talles no exige talles grandes sino que lo que exige son cinco talles. La diferencia que marca es que se realice un estudio donde se mida el cuerpo de les argentines y se haga una tabla de talles fija. Eso significa que si sos cuarenta y ocho de jean, tengas ese talle en todas las marcas. La ley de talles implica saber realmente qué talle sos. Desde el activismo se espera que funcione para poder mandar más proyectos en donde esa tabla se amplíe.
¿Cómo es la lucha de los cuerpos?
Creo que lo importante es ocupar espacios.
Por: Florencia C. Barba Lijerón.
Fotografía: Noel Puebla.
