Gambito de dama: Un mundo de sólo 64 casillas

(Direc. Scott Frank, 2020)

En la última producción de Netflix, Gambito de Dama (The queen’s gambit), basada en la novela homónima de Walter Tevis (1983), nos encontramos con la historia de Beth Harmon (Anya Taylor-Joy), una huérfana que descubre su talento en el ajedrez y escala en este mundo competitivo y machista hasta convertirse en la mejor del mundo. Ubicada en el contexto de la guerra fría, durante la década de los 50 y los 60, esta miniserie reconstruye, a modo de biopic, la vida de Beth a medida que crece personal y profesionalmente. Toda su historia se cuenta mediante un gran flashback, a través del cual conocemos las carencias y los sufrimientos que la marcan desde su infancia.

A pesar de las turbulencias sociopolíticas que atraviesa el mundo, a Beth solo le importa una cosa, una sola obsesión se adueña de su vida: ser la mejor en el ajedrez. En una realidad desoladora, la estrategia de juego se vuelve una excusa para obtener el control y dominio que no tiene en otras áreas de su vida. Como ella misma lo dice: “Es todo un mundo de sólo 64 casillas. Me siento segura ahí adentro. Puedo controlarlo, puedo dominarlo, y es predecible. Si me lastimo, solo yo tengo la culpa.” En un contexto asfixiante para la mujer, Beth decide encerrarse en una lógica microscópica para huir de su situación, sin tener noción de cómo ese camino la llevaría a una emancipación impensada.

En este sentido, la serie despliega un conjunto de personajes secundarios que, lejos de ser llanos, construyen ese mundo por el cual Beth avanza siendo la excepción a la regla. Al poco tiempo de ser adoptada por un matrimonio de clase media, el esposo abandona a su esposa. Sin aspiraciones ni forma de sustentarse, Alma (Marielle Heller), la madre adoptiva, desarrolla una adicción al alcohol, y a los tranquilizantes que le prescribe su doctor. Estos hábitos rápidamente son adoptados por Beth, quien ya estaba familiarizada con los efectos de las píldoras que le administraban en el orfanato a todas las niñas. Con atención y delicadeza en los detalles, se muestra el desamparo de la ama de casa, y el escape que varias generaciones de mujeres encontraron en las adicciones socialmente aceptadas. A pesar de sus problemas, Alma y Beth conforman un vínculo de protección y aprecio mutuo, una familia donde encuentran todo el apoyo que nunca habían alcanzado.

La idea que atraviesa toda la historia es la del precio que conlleva el talento. Ya cuando Beth tiene apenas nueve años, Mr. Shaibel (Bill Camp), el conserje del orfanato que le enseña a jugar, le advierte sobre las consecuencias de su don. Años después, cuando se convierte en un hito nacional, los rastros de una vida plagada de soledad y tristeza se vuelven las piezas enemigas más difíciles de vencer. La dirección se concentra en Beth, la persigue, la atosiga. Cada plano se absorta sobre su frialdad aparente y su determinación, dejando ver las grietas que comienzan a abrirse en esa distante figura que impone como defensa. El juego se disputa tanto dentro como fuera del tablero. Beth se debate entre la realidad injusta del mundo, y su obsesión por querer corregirla en el ajedrez. 

Gambito de dama logra en siete episodios construir una trama adictiva, que no se priva por ello de buscar profundidad, y regala personajes interesantes para pensar una cantidad enorme de cuestiones: el lugar de la mujer en la sociedad, las adicciones, el racismo, la disputa intelectual entre países, los daños que provoca la soledad, etc. En medio de una marea incesante de series cortadas por la misma tijera, Gambito de dama hecha una luz difícil de ignorar.

Reseña: Ana Clara Chanvillard y Julieta Henrique

Arte: Van Arce

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