LITIO, de Malén Denis

“Que me haya atacado la gata que yo misma te regalé debe ser una gran metáfora para algo que no entiendo, porque el dolor y la urgencia por devolver todo a su lugar no me permiten relacionar poéticamente los hechos de una vida llena de vidrios rotos.”

En la primera novela de la poeta argentina Malén Denis, publicada en 2019 por Caballo de Troya, y en puertas de su cuarta edición por Concreto Editorial, encontramos una voz cansada, íntima, e incómodamente honesta, que desde la desolación nombra con intensidad poética esas sensaciones, experiencias y dolores que son comunes a toda una juventud desarraigada. La lectura de Litio es un encuentro personal con un susurro pausado, la voz de una isla perdida.

La narradora ronda los treinta años cuando se muda temporalmente al departamento de su ex, que acaba de pasar por un suceso psiquiátrico poco claro, para cuidar el espacio y a su gata, que acaba de dar a luz. La mudanza es el centro de la historia, una transformación con la que empieza y termina Litio. La novela se construye fragmentariamente por una primera persona que narra, con la forma de un diario íntimo, episodios, ideas y recuerdos a medida que atraviesa este periodo de cambio. Cada capítulo parece ir conformando una colección de vidrios rotos que ella va barriendo hacia los rincones de su vida, los restos de una herida que permanece abierta.

Un tanto oscilante, la trama no termina de asentarse sobre ninguna línea, se distrae persiguiendo respuestas que nunca alcanza. En dónde la acción aparece, la narradora corre la mirada, o repone mecánicamente. La cadencia poética de la prosa exige una detención de la lectura, un saboreo de las frases y las metáforas. En la digresión encuentra su espacio, en un interludio suspendido donde la mente puede vagar y decir sin tener que comprometerse con nada, en una lógica deformada por el duelo.

Entre las reflexiones interminables, el sexo, las drogas, la sangre, los recuerdos, la narradora le habla a una segunda persona que nunca aparece, ese ex aislado que solo se manifiesta a través de sus cosas, y de esa gata cuyo instinto maternal trae inevitablemente la figura de la madre. La familia se desarma en personajes y escenas intermitentes que acechan la mente de la narradora. Todo se desarma. El desorden, el presente interminable, el pasado instigador: un territorio simbólico del agotamiento se despliega y vuelve a plegar durante ciento cuarenta páginas.

Seductora de hojas dobladas y subrayados desprolijos, Litio ofrece la invitación incesante de la poesía: volver una y otra vez sobre ella, porque siempre hay algo más que encontrar entre sus palabras.

Reseña: Julieta Henrique

Arte: Van Arce