-NOTA A TAMARA TENENBAUM.
¿Es posible que la pareja deje de ser el objetivo central de nuestras vidas?
¿Podemos construir relaciones sin caer en el amor romántico?
Estas son algunas de las preguntas nucleares que plantea “El fin del amor, querer y coger” de Tamara Tenenbaum, un libro que nos invita a pensar de qué manera construimos nuestro deseo y en la posibilidad de revincularnos basándonos en los valores de una amistad.
AF: ¿Costó ponerse en primera persona?
Tamara: No para mí fue super natural, de hecho, en realidad cuando habíamos empezado a conversar el libro, era un libro sobre vínculos. No estaba dicho si era en tercera o en primera, no había un compromiso existente en relación a eso, y me di cuenta cuando la empecé a escribir que era medio necesario, no por mí, pero era algo que pedía el texto, haciéndolo más legible y fácil de acompañar. Me parece que si se escribía en tercera corría un riesgo de bajada de línea muy grande. Creo que la primera persona es una modestia en algunos casos-hay que saber usarla-pero cuando uno la sabe usar bien no es una arrogancia, sino que es una modestia.
AF: Uno de los ejes centrales del libro está en correr al amor de ese lugar central ¿Cuánto falta para que como sociedad podamos lograrlo?
Tamara: Yo creo que mucho, pero en parte porque también el mundo hoy nos empuja demasiado hacia eso, especialmente la pareja. Por eso hablo mucho de la amistad, porque me parece que está bueno que las familias se hayan vuelto más flexibles y más plásticas ¿no? Ya no tenés porqué llevarte con ese tío que no te interesa y que no tiene nada que ver con vos y que en el fondo vos no harías nada por él y él no haría nada para vos, es un vínculo simulado. Pero ¿cuál es el reemplazo de eso? Esa es la pregunta. Porque necesitamos vínculos en la vida, no solamente por razones de subsistencia sino de afecto. Y hoy me parece que a lo que se empuja socialmente es a que todo esté puesto en la pareja, porque las familias ampliadas son más lábiles, más flexibles, y después también hay muchos vínculos desarmados que tienen que ver con los vínculos comunitarios, sindicales, sociales, cosas que están muy desarmadas. Por ahí antes te ayudaba una vecina ahora no te ayuda a nada, o no es tan común por lo menos en las ciudades, y entonces me parece que termina habiendo una hiperinflación de la pareja. Tu pareja tiene que hacer lo que hacía la vecina, lo que hacía tu tío, lo que hacían todos, y eso no está funcionando. Entonces me parece que lo que falta no es solamente como deconstruir la pareja, falta deconstruir otros vínculos, sacarles ese lugar de pureza. Hay que construir más allá de la pareja para que no haya una hiperinflación en el vínculo, que no puede con todo.

AF: Otro de los planteos que propones en el libro es que antes el sentido de vida de una mujer era tener pareja ¿Cuál es el sentido de la mujer ahora?
Tamara: Hoy creo que hay que correrse y hay que hablar cada vez menos del sentido de la vida. Ya estamos acá, hagamos lo que podamos, seamos todo lo felices que podamos, construyamos el mejor mundo posible para los que vienen y para los que estamos y ya está.
Me parece que está bueno tener conversaciones sobre el sentido de la vida, pero no me parece que “tenga que” haber un sentido de la vida para las personas. Que hay gente que va a tener una vida más marcada por un proyecto familiar, gente que la va a tener más marcada por un proyecto profesional, hay gente que quiere viajar, hay gente que quiere coger con toda la gente posible, y todos esos son sentidos de la vida válidos para mí.
AF: La soltera orgullosa y la desesperada, esos arquetipos que remarcas, ¿todavía siguen funcionando?
Tamara: Creo que eso circula y muchísimo porque en las redes sociales lo ves todo el tiempo. Creo que en algunos casos las redes sociales nos multiplican esos mensajes. Vos antes no sabías cómo estaba transitando la soltería una piba que conoces porque es amiga de amiga de amiga, y ahora sí. Y entonces hay algo de esos mensajes que está en todas partes. Y aparece el lugar de la exitosa, o la que está bien sola, pero no aparecen los lugares de la angustia, por ejemplo. Y todo es más mixto. Hay veces que sí te levantas y querés ir a bailar y te sentís la solterona empoderada y al día siguiente no.
Pero me parece que sí, que esos arquetipos están todo el tiempo presentes y aparte nosotros también los reproducimos todo el tiempo para sobrevivir, yo también tengo Instagram y hago lo mismo que hace todo el mundo en Instagram. No hago otra cosa. Y entonces me parece que también los reproducimos porque sentimos que esa es la forma en la que se está en el mundo y se puede pertenecer. Estamos todos contribuyendo a construir un mundo ficcional que puede ser medio dañino, porque en el fondo no tenemos muy claro que es ficcional aunque creamos que sí.
AF: ¿Crees que es posible evitar lo que nos calienta? Es decir, ¿que es posible formatear el deseo a través de una nueva construcción social?
Tamara: Yo creo que no es un cambio intencional, que nadie puede decir de un día para el otro “bueno, mañana me va a calentar tal cosa”, eso no me parece real y me parece que hay que correrse de ese lugar también. Como la idea de “ahora me tiene que calentar esto y esto no”, no funciona así. No creo que el deseo sea algo que puedas cambiar voluntariamente en términos individuales, sí creo que si uno amplia las conversaciones sobre deseo y si uno pone en crisis ciertos arquetipos hay cosas que van decantando. Por ejemplo a nivel intergeneracional se va viendo eso. El modo en el que los varones de 16 o 17 ejercen la masculinidad no tiene nada que ver con el modo en el que la ejercen los varones de nuestra edad. Esos pibes se pintan las uñas, juegan a otra cosa, se vinculan con las chicas desde un lugar mucho menos masculino en el sentido tradicional y las chicas de esa edad eso les calienta. No piensan que eso no es masculino, no lo ven así, entonces me parece que hay cosas que van cambiando. Creo que cuando aparecen otros discursos y otros modelos otros deseos se van autorizando también ¿no? Porque nuestros deseos están formados también por las cosas que fuimos entendiendo que se podían y que no. Entonces cuando otras cosas se autorizan, otros deseos aparecen, creo.
AF: ¿Qué recomendás tener en agenda ahora?
Tamara: Para leer ahora estoy medio fascinada con una autora que se llama María Fernanda Ampuero, el libro de ella se llama Pelea de gallos y es como un libro de cuentos super latinoamericanos, oscuros, sangrientos, pero increíbles.
En teatro vayan a ver “La vida extraordinaria” de Mariano Tenconi Blanco que se repone en Agosto en el teatro Cervantes. Actúan dos grosas: Lorena Vega y Valeria Lois, todo el mundo debería ir a verla.
Por Lala Sosa
