Palabras que se rompen con ellas

¿Qué sucedería si Virginia Woolf, Alfonsina Storni, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik y Sarah Kane fuesen citadas a un mismo evento literario, en mismo tiempo y lugar?
Con esta premisa nos sumergimos en “Palabras que se rompen con ellas”, la obra escrita y dirigida por Marie Álvarez que se presenta en el Teatro Anfitrión, los sábados a las 19:30 hs.

Cinco escritoras que acabaron con sus vidas a distintas edades y en diferentes partes del mundo, pero que comparten la misma misión: contar la verdad aunque ésta termine matándolas.

“Palabras que se rompen con ellas” se divide en lo que la autora llama “estaciones”, trayectos entrelazados que van dando forma a la historia.
En la primera, ya nos encontramos con el inicio o “vida” de las protagonistas. Luego de la presentación formal, en la que el parecido de las actrices con las poetas ya nos anticipa de quiénes se trata, conocemos a qué edad se quitaron la vida. Así estalla el conflicto y se plantea el interrogante de la obra: ¿qué lleva a estas escritoras a buscar en la muerte su única forma de escaparle a un mundo que no pareciera tener lugar para ellas?
El interrogante se muda a la segunda estación en la que se abre un interesante debate acerca de qué es el feminismo y, además, nos muestra de qué manera se fueron posicionando como escritoras. Para ejemplificar el pobre lugar al que podía aspirar una mujer se plantea una historia hipotética en la que se pregunta: ¿Si Shakespeare hubiera tenido una hermana igual de talentosa, hasta dónde hubiese llegado? La respuesta que surge es “hasta la cama de algún director de teatro”.

Aquí también se ponen en tensión sus vínculos de pareja y de qué modo han repercutido en sus carreras como escritoras. Sylvia Plath, poeta norteamericana casada con el reconocido escritor inglés Ted Hughes vivió a la sombra de su esposo, quien no dejó pasar oportunidad de hacer valer su hombría y coquetear con cuanta alumna pudo. Este vínculo tóxico se puede ver en la obra de Plath, quien encontró en la literatura un canal donde volcar su dolor. También lo hicieron Alfonsina, con sus poemas a Horacio (Quiroga) un amor que se alimentó de fantasías y se vio trunco tras el suicidio del autor, o Pizarnik y Kane, mujeres que encontraron el amor en el mismo género, en un mundo que aun (y hasta ahora) no estaba preparado para la diversidad.


De allí se desprende la tercera estación: el erotismo. Con Kane y Pizarnik besándose y mordisqueando una rosa: intentan describir por qué una mujer no prefiere un hombre, qué convierte a las mujeres en seres tan deseables. La respuesta es la “ternura”.

Otro punto en común entre ellas es la comunicación epistolar sobre la que dejaron huella de sus pensamientos y también de su profunda depresión. A través de monólogos, las actrices se introducen en uno de los momentos más dramáticos de la obra.
Ya sobre el final se nos presenta la ante última parada de este viaje poemático: la psiquiatrización. Así descubrimos a una Plath bajo los efectos del electroshock o a una Pizarnik pasando tres meses internada en el Moyano. Se abre el debate acerca del sistema de salud mental como método de cura que nunca comprendió la sensibilidad de estas autoras, a quienes la realidad se les hacía demasiado inabarcables para un solo cuerpo y cuya medicina sólo parecía hallarse en las palabras.

Otra de las denuncias de la obra está relacionada con la guerra. La autora cuenta que la importancia de esta temática surge de una noticia en la que mujeres de Aleppo, Siria, se suicidaban en masa para evitar ser violadas por las tropas. Esta noticia conmovió terriblemente a Marie, tanto como a Sarah Kane, quien también usó su escritura para nombrar las atrocidades de la guerra y denunciar los abusos y delitos que, en el nombre del patriarca, se realizan contra las vidas de millones de mujeres. La guerra, además, también atraviesa a Pizarnik por su descendencia judía y a Plath por ser hija de un soldado pro nazi. Todas, de alguna manera, fueron víctimas de esta violencia milenaria, alma del patriarcado.

Por último, cabe destacar el sólido trabajo de las actrices (Nélida Cabrera, Verónica Paris, Nuria Ceccoli, Mechi Hazaña y Soledad Rodriguez) que avivan el texto con interpretaciones conmovedoras y honestas.

“Palabras que se rompen con ellas” es un manifiesto político, un homenaje a estas cinco artistas que sobrevivieron a la injusticia social refugiándose en la escritura y haciendo de ella un refugio inmenso en el que todas podemos resguardarnos.

Por Lala Sosa.