Una vez más, Mujercitas


“Las mujeres tienen mente, alma, corazón, ambición, talento, además de belleza. Estoy harta de que la gente crea que las mujeres solo viven por amor.”
Llega una nueva adaptación de la novela de iniciación norteamericana Mujercitas, escrita por Louisa May Alcott y publicada en 1868, adaptada siete veces al cine, esta vez en manos de una Greta Gerwig ya reconocida por la crítica, después de su exitosa Lady Bird (2017). Gerwig dio el paso a la dirección con este coming of age que retrata las dificultades y aspiraciones de la adolescencia con un fuerte tinte autobiográfico. Como continuación de su filmografía elige otra coming of age, una que hace 150 años se viene
contando: la historia de Amy, Beth, Meg y Jo, cuatro hermanas que crecen en una sociedad altamente patriarcal en Massachusetts, donde un casamiento provechoso es el único horizonte.

La gran novedad de la versión de Gerwig es quizás el cambio cronológico de la historia, que se reconstruye mediante flashbacks. En este caso, la historia de las hermanas March comienza en su adultez, y rememora esa época de juventud con una textura e iluminación de ensueño. Los paralelismos entre planos invitan a la reflexión con respecto a las consecuencias de las decisiones tomadas por los personajes, la pérdida de la
inocencia. A diferencia de Lady Bird, donde el futuro parece ser el único anhelo real, en la Mujercitas de Gerwig, la nostalgia es la norma. El idealismo enfrentado a la realidad.

Así como Alcott encontró una voz en el personaje de Jo, la hermana rebelde y soñadora, Gerwig sigue sus pasos. No es raro que Saoirse Ronan, la actriz irlandesa que se ha vuelto el alter ego de Gerwig en pantalla, habiendo interpretado a Lady Bird, sea quien encarna a Jo. A pesar de mantener la mayor parte del guión fiel al original, Gerwig agrega porciones de otras obras de la misma Alcott, y agrega las suyas propias. Pareciera imposible no ejercer algún proceso de identificación con la historia para poder contarla.
Algo notable de esta versión es la nueva luz echada sobre Amy, la hermana que nadie quería ser, la despreciada por los lectores. Greta remarcó en una entrevista: “Es significativo que, durante 150 años, no nos haya gustado esa chica, que es la que dice más claramente lo que quiere y la que más se esfuerza en conseguirlo. Tal vez sea un símbolode progreso que hayamos cambiado de opinión.” La actuación precisa de Florence Pugh,
nominada al Oscar por esta interpretación, renueva el personaje, manteniendo su frialdad sin quitarle la sensibilidad que oculta detrás. Acepta su lugar, completamente consciente de las injusticias que la acechan, aprovechando la situación para sustentar a su familia.
Mientras Jo representa el grito y el puño en el aire, Amy contiene la fuerza del sacrificio.

¿Es necesaria una nueva Mujercitas? Quizás el arte no responda a las necesidades de una época, pero sí sepa reconocerlas y ser síntoma de ellas. Para no perder la noción del tiempo, del terreno ganado, de las voces que susurran, hablan, gritan desde hace tantos años, recordar que estas historias siguen interpelando es esperanzador. Actualizar una idea es ver germinar la semilla hace tiempo plantada. Cada generación debería tener
sus hermanas March, para no olvidar que seguimos siendo esas mujercitas, y para cada vez descubrir en qué formas ya no lo somos.

Por Julieta Henrique
Arte: Van Arce