Elogiada tanto por su dirección y guión como por sus actuaciones, la última película de Noah Baumbach cuenta la historia de Nicole (Scarlett Johansson) y Charlie (Adam Driver), un matrimonio dedicado al teatro en Nueva York, decidido a separarse. No es la primera vez que Baumbach trata este tema, ya en The Squid and the Whale (2005), película autobiográfica, se narra un divorcio, pero desde la perspectiva de los hijos. Una vez más, Baumbach recurre a su experiencia –su divorcio con la actriz Jennifer Jason Leigh– pero en este caso la mirada está puesta sobre la pareja.
Historia de un matrimonio no es una película sobre el final del amor, es una película sobre qué ocurre cuando el amor se ahoga en el silencio. Baumbach nuevamente muestra su habilidad para retratar problemáticas de comunicación, esta vez las de una pareja. Y es que la tragedia de este matrimonio no es la falta de amor, sino la desigualdad. Nicole se halla despojada de una voz propia, se siente desprovista de una identidad fuera de la de su esposo. “Me dije: Asúmelo. Como la esposa de George Harrison. Ser esposa y madre alcanza. Luego me di cuenta de que no recordaba su nombre.”, le confiesa Nicole a su abogada, rol que le otorgó un Oscar a Laura Dern como mejor actriz de reparto. El personaje de Charlie, lejos de ocupar el lugar estereotipado de esposo ausente, nos presenta una perspectiva cautivadora de la situación: un hombre en sensación de emboscada. No es extraño sentir compasión por él, así como en momentos llegar a odiarlo. Se siente encerrado en los reproches de su esposa, los cuales por primera vez parece llegar a oír. Llegamos a verlo como un niño, abrazado a las piernas de su esposa, confundido y frustrado.
La dinámica de esta pareja evidencia una realidad actual: la mirada naturalizada sobre la ambición masculina, y no así sobre la femenina. El orden instalado en la relación pone a Charlie en el lugar de genio, y a Nicole en el lugar de musa. Ella es, en las palabras de su esposo, “su actriz favorita”. La búsqueda de proyectos personales y de reconocimiento que mueven a Nicole son fácilmente catalogados de vanidad, mientras que la posición de poder de Charlie, solo por ser la instaurada, nos resulta corriente. Desde un comienzo, Nicole es la que toma las decisiones, la que empuja a Charlie hacia el barro del divorcio, y sin embargo, en toda la película, solo un personaje le pregunta en forma directa qué es lo que quiere: su abogada. La película maneja una transposición de poder entre los personajes que planta continuamente una situación bélica entre ellos, nos obliga a elegir un bando. Como espectadores ese juego resulta revelador.
El mayor logro de la película quizás sea la capacidad que tiene de sobrevolar un abanico de temáticas sin asentarse o dar una opinión certera sobre ninguna. La institución matrimonial no es puesta en duda, así como tampoco se victimiza o demoniza a ninguno de los personajes. El guión aporta una frescura, que junto con actuaciones memorables, construye miradas que no bajan línea, sino que abren debates.
Por Julieta Henrique
Arte: Van Arce
