La débil mental

Ariana Harwicz construye en apenas cien páginas un relato ripioso y adictivo mediante un fluir de conciencia permanente, en donde los diálogos y personajes parecen indiscernibles. No resulta fácil alejar la vista de las páginas una vez que se empieza a leer.

“La débil mental” ilustra un vínculo madre-hija que se maneja bajo reglas poco convencionales. Mediantes flashbacks desdibujados y un presente caótico, conocemos la vida de estas dos mujeres que viven en una casa en el medio del campo. El sexo es el hilo que enhebra las imágenes del pasado y las acciones que suceden. Esta voz narrativa, que se desnuda hasta quedar en carne viva, recorre cada escena perturbada de su propia existencia y muchas veces llega hasta lo macabro deseando la muerte de su propia madre. El sexo es de todo lo que hablan y todo lo que hacen incluso cuando lavan los platos o toman whisky. Los hombres son ausencias, abandonos, la droga de su enfermedad.

“Una de las tres siempre mira hacer a la otra. La abuela a mamá con ese indigente del norte, mamá a mi con el morocho de anillo de plata, yo a las dos, por separado, cada una en su cuarto…” Aparece la herencia familiar de estas mujeres donde el sexo parece ser siempre su consagración y lo único que las mantiene vivas. No es una novela pornográfica, pero lo sexual recorre sus cuerpos como una pulsión tóxica infrenable que las ataca desde la más temprana edad.

A medida que avanzan las páginas, el lenguaje se convierte en salvaje y las
acciones de los personajes son acompañadas por una sensación de vértigo. La novela que parece emular un mundo en el que los hombres solo entran a sus vidas para hacerlas sufrir, violarlas o abandonarlas, las arrastra hacia un clímax cargado de violencia y sangre del que no pueden escapar, y que acaso disfrutan.

Por Camila Miranda de Marzi
Ilustra: Van Arce