“Comic y feminismos: debates actuales en un género que empiezan a copar las pibas”.

Las tumbadoras

Barro editora, 2019

Autora: Nykka

En los últimos años pudimos ver una nueva oleada de producción gráfica de mujeres y disidencias (consolidada en el cada vez más masivo festival “Vamos las pibas”, que este sábado 7 de marzo hace su 4ta edición) y la creciente visibilización de historietistas mujeres en un submundo especialmente gobernado por hombres. Entre estas nuevas expresiones, hace poco descubrimos a Nykka (@veronykka, Verónica Inés García), que comenzó a adentrarse en el género recién a sus 30 años. Aunque venía realizando gráficas breves y fanzines, esta es su primera historieta larga publicada, donde toma como premisa una herencia habitual del mundo gráfico: lo identitario del superhéroe ligado a su origen.

Descubrir a estas nuevas voces se lo debemos también al espacio que dan editoriales como Barro editora (@barroeditora), que comenzó a editar voces mayormente jóvenes, que tocan todas las aristas del género: desde superheroinas hasta ciencia ficción, pasando por la narrativa gráfica del yo y la historieta muda. Estilos e historias diferentes, identidades y recorridos en común.

En Las tumbadoras Nykka recupera el formato del comic clásico y nos presenta a cuatro superheroínas (Mecha, Bebe, Wacha y Jota) conformando una equipa que defiende a les habitantes de una villa de la violencia machista. Tres de ellas fueron víctimas de femicidios. Asesinadas y entregadas al silencio del río, volvieron, no saben explicar cómo, pero intuyen el por qué. Sus poderes algo dicen de eso: el grito aturdidor de la silenciada, la invisibilidad de la relegada, la mutación de la mujer que tuvo que adaptarse continuamente para sobrevivir. Lo que las marcaba en vida deja de ser debilidad para devenir fortaleza.

La voz narradora es de la única mujer viva de la grupa. Es protagonista de las acciones, pero también la voz en off que nos va develando el sustrato de la historia: esto no fue siempre así, esto no es una venganza. “Existimos: muertas o vivas, existimos” esta voz “viva”, como elemento narrativo, nos hace pensar en la cuerpa presente en una marcha: como una foto y un nombre en una pared, como un cartel, la voz que grita por las que ya no pueden hacerlo. El dolor canalizado no en venganza (no se menciona el ataque puntual al hombre que las asesinó) sino en revancha (el ataque a la violencia machista estructural en la villa) es una forma de reconfigurar esa muerte.

En Las tumbadoras funcionan a la perfección los elementos clásicos de cualquier cómic de la escuela DC o Marvel: un origen complejo, una lucha en común, un combate central, un giro inesperado. Pero en esta trama vertiginosa es también una excusa para poner en relieve la materia de muchas charlas y debates puertas adentro en las militancias:  ¿Se contraponen la lucha de clases y la lucha feminista? ¿Si un “macho” lucha por un “bien común”, si es parte de la periferia de la sociedad, tiene permisos de “violencia”? ¿Existen grados de violencia que opacan y minimizan otros?

El debate se abre en el núcleo de la historia, con la aparición de la “villana” (Murga). Este personaje, una suerte de Giganta pero con capacidades de mutar a cualquier estado, es la madre de la heroína viva, a la que admite haberla abandonado por el “bien común”. Asumiendo una voz en apariencia conciliadora, mientras las ataca y fagocita, quiere explicarles lo importante de dejar su lucha de lado por otra más importante, que la violencia machista ejercida por los habitantes de la villa es de algún modo “menor”. “Ante ustedes uno de los máximos exponentes del patriarcado: el que abusa de nosotros por pobres, negros y villeros” les dice ante el avance de una razia policial y sentencia “a veces hay que aliarse con aquellos que parecen nuestros enemigos para combatir a un enemigo más grande”. Pero esta lucha por el “bien común”, olvida y desplaza. En su lucha abandonó a su hija, que fue salvada de una violación por sus ahora compañeras. No logra ver la herida que dejó y moviliza. Ella ya no es su hija, ya no puede acompañar su causa: en esa dualidad generacional la hija, devenida “Jota”, grita, en cuerpa y voz, “tu causa no es la mía”. En el prólogo de esta historieta se nos advierte que no es una historia que nos de respuestas. Es una historia que incomoda, que invita a repensarnos, a reconstruir(nos) nuestro propio lugar como mujeres y militantes.
Por Laura Forni

Link del evento de “Vamos las pibas”: https://www.facebook.com/events/522620508366065/