De ascendencia peruana y nacida el 7 de abril de 1803, Flora Tristán quedó estancada entre dos revoluciones, impasse histórico del que emergió feminista y socialista. La miseria económica que sufrió tras la muerte de su padre, el coronel Mariano de Tristán y Moscoso, y el posterior infierno emocional que sufrió en su matrimonio con André Chazal, la hicieron devenir una adelantada a su tiempo, pues reivindicó con argumentos prácticos y convincentes – y unos cuantos años de ventaja a posteriores movimientos -, la unión de mujeres y trabajadores como una misma lucha. Proletarios del mundo, uníos, dijo. Así, Flora se convirtió en la primera mujer en hablar de socialismo y la lucha del proletariado, además de ser gran influencia para muches filósofes de la época, quienes no la reconocieron en sus escritos.
Criada entre aristócratas y figuras de la emancipación hispanoamericana, a los cinco años de edad, su padre muere y, al no tener un matrimonio avalado por la ley francesa con su madre, Anne-Pierre Laisnay, pierde acceso a la herencia y ambas quedan a la deriva. Vivirán en una barrio marginal parisino hasta que Flora, a los diecisiete años, se casa por conveniencia con André Chazal, matrimonio del cual nacerían tres hijes. A los veintidós años y a causa del maltrato por parte de su esposo, Flora decide fugarse y se hará pasar por viuda; deambulará por Europa con una familia inglesa, cumpliendo el rol de ama de llaves, mientras sus hijes quedan a cargo de otras personas. Es en este lapso de tiempo en que une de sus hijes fallece, pero no hay testimonios de ello en su obra; sin embargo, no será la única pérdida: cuando decide enfrentar a su marido y pedir el divorcio, un juez niega su petición y tiene que dejar a su otro hijo, Ernest, con Chazal. Comenzará una vida errante con su hija Aline – futura madre del pintor Paul Gauguin – y tratará de obtener ayuda de su tío, Pío Tristán, el cual se desentiende de su situación y se limita a mandarle algo de dinero. Pero, como buena capitana de su destino, en abril de 1833, decide embarcarse en Le Mexican rumbo a Perú, donde intentará ganar el puesto que le corresponde en la sociedad.
Durante este viaje de cuatro meses y medio hacia el Perú y su estadía en dicho país, escribe Peregrinaciones de una paria, publicado en 1838, obra en que se confiesa doblemente oprimida y doblemente paria, además de criticar aspectos de la sociedad peruana. Desafortunadamente, no logra cumplir con sus objetivos en Perú, pues su familia no la ayuda por su condición de “hija bastarda” y, gracias a los estragos causados por la guerra civil peruana, toma plena conciencia de las diferencias sociales y comienza a luchar por la emancipación de la mujer, los derechos de les trabajadores y la abolición de la pena de muerte. Es en su escritura donde podemos rastrear estos antecedentes tan fuertes, además de un gran distanciamiento de ese yo inexperto al yo que se llena de experiencia tras el viaje. Es, por ello, imprescindible leerla, reconocerla y darle el lugar de precursora que merece tanto desde el feminismo como desde el socialismo.
Pío Tristán, ofendido por esta obra, deja de pagar su pensión. Ese mismo año, André Chazal se obsesiona con quitarle a sus hijes y casi la asesina de un disparo. Los médicos no podrán extraer la bala y vivirá bajo la amenaza permanente de muerte si la bala se movía de lugar; por este motivo, su marido – a ojos de la ley – será condenado a veinte años de cárcel. En su próximo libro, Paseos en Londres, publicado en 1840, critica el sistema frío de esta metrópolis y el efecto deshumanizador que lleva a cabo. Gracias a su enorme repercusión, se consagrará su reputación como escritora, pero las editoriales dudarán al publicarla: hacerlo sería unirse a la subversión.
Ese mismo año – y con mucha dificultad económica -, publica Unión Obrera, donde habla de la asociación internacional de les obreres. Exacto: la base del conocido Manifiesto Comunista, publicado en 1848. Gran deuda de les filósofes alemanes. Como tenía presente que muches obreres no sabían leer, Flora decidió hacer un tour por Francia para recorrer las fábricas y difundir sus creencias. Lamentablemente, el cuadro de tifus que había contraído se agrava y fallece a sus 41 años en Burdeos. Obreres e intelectuales llevaron a hombro su féretro. Y a pesar de que los movimientos de los siguientes años supieron olvidarla, el feminismo no se une a esa masacre y, a 217 años de su nacimiento, seguimos reivindicando el lugar que le pertenece.
Por Clara Chanvillard
Ilustra Van Arce
