Idealista, desafiante e inconformista. Así se nos presenta Mary Wollstonecraft, escritora y filósofa nacida el 27 de abril de 1759 en Londres en el seno de una familia inestable económica y emocionalmente, lo que hizo que adopte una postura protectora ante madre y hermanas frente al comportamiento abusivo de un padre alcohólico; de ahí nace su intensa reivindicación, reflejada tanto en su vida privada como en sus obras. Wollstonecraft era consciente de que para valerse por sí misma, debería prepararse culturalmente, idea que tomó dimensiones reales cuando falleció su madre y decidió abrir una escuela femenina con la ayuda de su mejor amiga, Fanny Blood, y sus dos hermanas, Eliza y Everina. En la escuela se transmitían desde las disciplinas consideradas adecuadas -costura, música, dibujo- hasta gramática, aritmética e historia, entre otras; sin embargo y a pesar de todo el apoyo y esfuerzo, el proyecto fracasó a manos de dificultades económicas y su alejamiento debido al repentino fallecimiento posparto de Blood.
En búsqueda de estabilidad -y un escape-, se muda a Irlanda para ser la institutriz de las tres hijas mayores de Lord y Lady Kingsborough: Mary, Caroline y Margaret, a quienes debía “preparar” para el matrimonio. Como era de esperar, las niñas no recibieron ese tipo de instrucción, sino que Wollstonecraft las invitaba a contemplar la pobreza que rodeaba su casa, a ser capaces de pensar por sí mismas y saber que tenían opciones más allá del matrimonio. Esto no le gustaba nada a Lady Kingsborough y, poco después, la despide. Pero la semilla de la rebeldía ya había sido sembrada en sus hijas, sobre todo en Margaret, quien a sus 32 años abandona su familia para llevar una vida acorde a sus deseos y pensamientos y, además, se disfraza de hombre para ir a la universidad y estudiar medicina. Badass.
Tras esta experiencia, decide mudarse a Londres y convertirse en escritora profesional para ser “la primera de un nuevo género”, pero a causa de su mente libertaria y una propuesta obscena a un matrimonio, es rechazada por la sociedad y decide huir a París. Allí escribió Reflexiones sobre la educación de las hijas (1787) e Historias originales (1788), obras que tratan acerca de la educación, el comportamiento y el código de vestimenta burgués con el objetivo de desafiar a la aristocracia, y una novela titulada Mary (1788), una autoficción. Este tipo de escritura no la contenta y decide publicar su primera crítica de corte filosófico: Vindicación de los derechos del hombre (1790), dirigida a Edmund Burke (quien se había pronunciado contra los revolucionarios franceses), argumentando a favor del republicanismo y defenestrando a la aristocracia, además de acusarlo de clasista y machista y atacar varias de sus obras.
Sin embargo, su verdadera obra maestra fue Vindicación de los derechos de la mujer (1792), un tratado político en que discute la posición de la mujer en la sociedad, argumentando que si tienen derechos cívicos, también deben tener deberes cívicos, abogando entonces por una educación racional y el consiguiente derrumbamiento de los estereotipos ridículos atribuidos a las mujeres. Durante esta época conoce a Gilbert Imlay, un aventurero norteamericano, de quien se enamora profundamente y con quien tendrá a su primera hija, Fanny Imlay. La estabilidad no dura, ya que Imlay se aleja -debido, supuestamente, al conflicto bélico entre Inglaterra y Francia- y Mary queda sumida en la depresión y a cargo de su hija sin ninguna ayuda. En 1795, vuelve a Londres para tratar de recuperar al norteamericano, pero no tiene éxito y sufre un intento de suicidio fallido.
Al poco tiempo, conoce a William Godwin, con quien forja una fuerte amistad que deriva en amor del cual nace Mary Shelley, futura autora de Frankenstein o el moderno Prometeo (1823). En 1797 deciden casarse para que su hija sea legítima y se mudan juntes; lamentablemente, la felicidad dura poco y es que, poco después del parto, Wollstonecraft sufre una fuerte infección fatal y fallece. María: o Los agravios de la mujer (1798), su obra póstuma -e inacabada-, será considerada su obra más radical, ya que modificará previas opiniones acerca de la clase media e igualará a todas las mujeres sin importar su pertenencia socioeconómica. En enero de 1798, Godwin publica Memorias de la autora de Una vindicación de los derechos de la mujer, una biografía explícita de la vida de su difunta esposa que no recibe apoyo público debido a su contenido considerado, en aquel entonces, inmoral. Por esta situación, su legado se ve invisibilizado y recién en los 60’s vuelve a emerger como figura destacada gracias a la segunda ola del feminismo.
Hoy, a 27 de abril de 2020, agradecemos su resurgimiento y no consideramos su ideología impertinente u obscena, sino una excelente radiografía de quien fue una de las primeras voces del feminismo, una mujer que no debemos olvidar ni permitir que moralistas vuelvan a enterrar.
Por Ana Clara Chanvillard
Arte: Van Arce
