MOMMY: CONSTRINGENTE Y REBELDE.

Eufórica, desatada, angustiante, cómica por momentos. Todo eso es Mommy (2014), quinto largometraje del canadiense Xavier Dolan, el apodado l’enfant terrible

En una Canadá ficticia y tras una llamada, Die (Anne Dorval) tiene que hacerse cargo de su hijo, Steve (Antoine Olivier Pilon), quien sufre un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, y que fue ingresado a un centro de reeducación tras la repentina muerte de su padre. De más está decir que la tranquilidad no es menú del día a la hora de convivir y el caos llega en segundos. Madre e hijo son pura explosión. Varios momentos de su interacción nos llevan a Edipo Rey, la tragedia griega de Sófocles. Es en ese momento de necesidad donde aparece Kyla (Suzzane Clément), la nueva vecina. Kyla, con sus problemas y su extraña paz, hará de equilibrista entre elles, y se adentrará en una relación íntima con ambos personajes; cocinarán, reirán y, sobre todo, bailarán. Entre ambas proporcionarán refugio a Steve, cada una con sus diferentes acercamientos, virtudes y defectos.

El impacto y la correlación con las emociones que tienen los diferentes formatos visuales – varían de 2:3 a 4:3- debe ser una de las características que más resalta y gusta de la película: cuando es el caos el que gobierna, la pantalla se estrecha y genera una sensación de agobio; cuando la alegría predomina, la horizontalidad se abre paso y muestra cómo los personajes interactúan desde la más pura de las ingenuidades. El director no juzga a sus personajes, sino que se dedica a abrirlos al espectador a través de estas decisiones. Es ahí, en ese movimiento de imparcialidad, que la historia deviene universal. 

En cuanto a la música, las canciones elegidas parecen ser de transición entre escena y escena: algunas están unidas a l’ambiance, otras generan lo contrario y nos incomodan y otras acompañan a los sentimientos y personalidad de los personajes. También los hacen escapar de la realidad, los distensiona y los muestra libres, sobre todo a Steve, que no quiere ser más que eso. Nos encontramos desde Céline Dion hasta Lana del Rey y Oasis. Podríamos decir -sin reparo alguno- que la música va de la mano con la película y deja de ser artefacto para convertirse en creadora, en guión: Dolan cuenta que hay escenas que nacieron desde las propias canciones, que ciertos momentos las hicieron nacer. Planteado de esta manera, pareciese que no funciona, pero lo hace; increíble como parezca, lo hace. 

Como era de esperar, la balanza vuelve a inclinarse hacia el caos: una mala noticia no tarda en llegar y, de a poco, quebrará con la estabilidad conseguida. La violencia vuelve y la sangre también. Kyla ya no será suficiente. Nada será suficiente. Como la supervisora de Steve le dice al principio a Die: “Que amemos a alguien, no significa que podamos salvarlo. El amor no tiene nada que ver.” Y vaya si tenía razón.

Por Claire Chanvillard
Arte: Van Arce