Nuestro mundo muerto

Liliana Colanzi es una escritora, periodista y editora boliviana, que viene a dar cuenta de nuestra latinoamericanidad. Nuestro mundo muerto, su último libro, expone lo cotidiano y sobrenatural que nos habita: los choques constantes, la diferencia, lo oculto, los tabúes, las culturas.

La ciencia ficción latinoamericana no necesita de naves, sino que puede revisitar su propia tierra, apropiarse de ella para crear un tejido orgánico de las tradiciones ancestrales rodeadas de la modernidad, los pueblos indígenas, la construcción de otredad, de un nosotres y elles constantes, lo rural, lo urbano y Bolivia.  La autora viene a contar un otro mundo,  en donde cada uno de los cuentos funciona de manera individual, pero todos juntos vienen a decir algo más. Latinoamérica es la tierra en la que todo puede suceder: historias que reponen lo ancestral de un pasado que les excede a todes les personajes y no les permite nombrarse y que es eso lo que los lleva al límite. Además, hay un híbrido de géneros: terror, fantástico, realismo mágico  y, en esta combinación, el sentido nunca se clausura.

Hay cuerpos que son reconocidos políticamente y otros que no. Esta grieta nace desde una condición corporal, una inferioridad que es pactada en las lógicas sociales y culturales que se arrastran hasta el día de hoy. La autora evidencia quiénes son estos nuevos monstruos y cuáles son sus corporalidades, desnuda una lógica que yace en el imaginario colectivo, pero que no se pone en palabras, porque hacerlo es lo verdadero: “Quería que el mataco se fijara en mí, pero él no me necesitaba para ser lo que era. Un día agarré una piedra y se la arrojé con todas mis fuerzas desde la otra orilla de la carretera. ¡Toc!, le pegó de lleno en el cráneo (…). Al día siguiente llegaron dos policías y se llevaron al mataco dentro de una bolsa negra. No hicieron muchas preguntas, era nomás un indio” (Colanzi, Chaco, 2017, p. 81). Sobre lo otro hay un poder de decisión, una vida que es tomada y que nadie reclama. ¿Dónde es que comienza la vida nuda? Estos cuentos vienen a hacer justicia de aquello que suponemos normal.

Hay una sorpresa en la lectura de los textos debido a que las voces se adueñan de un territorio que no es nuevo, pero su exploración no abunda y hacen a la construcción de una verdadera identidad latinoamericana y; por lo tanto, nacional. Presenta, entonces, perspectivas que tienen que ver con las nuestras aunque no se reconozcan como tales; situarse en el territorio latinoamericano y legitimar esas voces silenciadas es hacer algo.

Contar lo propio es una forma de volver  a ese territorio, pero, ¿cómo decir nuestra casa?  Como dice uno de los personajes de Liliana Colanzi, nombrar nuestro hogar parece una de las formas de la monstruosidad. ¿Cómo se regresa a casa? ¿Cómo escapar de la lógica de colonización? Con escrituras que desarmen aquello que es considerado herencia.

En Nuestro mundo muerto lo otro es el indio, las disidencias, las mujeres, los signos o los cuerpos que señalan la “inferioridad”: “Haceme un hijo, exigí, mientras Pip embestía una y otra vez con ese pene flácido y el bosque se abría ante mis ojos, y yo sentí los dedos arañando la tierra, en súbito arrebato de terror, buscando un asidero para no caer, /para no caer al cielo” (Colanzi, 2017, p.101). Lo otro es no sentirse parte de una sociedad que te excluye y, en consecuencia, el cuerpo se revoluciona desde otro punto de vista que suma la temática de género. La construcción de los monstruos opera como un nexo comparativo que funciona en la unión entre un apelativo que nombra la diferencia, la anormalidad, al monstruo y el pronombre que nos incluye y nos muestra a nosotres.

Libro: Colanzi, Liliana, Nuestro mundo muerto, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2017.

Por: Florencia C. Barba Lijerón.
Arte: Van Arce