La rosa en el viento

“La rosa que en el viento se destruye deja volar sus pétalos en una luz quemada. Pocos pétalos podemos recoger de esta historia. Unos volaron, otros se perdieron, otros se alteran en el rincón de la memoria”.

Sara Gallardo, La rosa en el viento.

Sara Gallardo (1931-1988) dejó ver su talento en su forma de narrar, de conmover a través de imágenes que dicen muchas veces en el silencio o en la quietud. Esta escritora argentina toca el borde de forma constante y lo narra, lo hace piel, tanto que surge la necesidad de volver a leerla, de volver a sus palabras, a aquello escrito que por estar en las orillas muchas veces parece una totalidad escondida cuando está allí evidente y clara. 

La rosa en el viento, su última novela, es una obra que tiene más de un núcleo o el mismo, y como en la vida hay conexiones constantes y ningún núcleo está tan lejos o distante del otro, sino que más cerca o más lejos, rodean un centro. El centro establece un descubrimiento y a su vez un alejarse de quienes eran los personajes en un momento inicial, que como las rosas dejan caer sus pétalos y asumen un mundo real y palpable, un mundo que se detiene en el detalle y que avanza rápidamente para irse y para que los momentos o las situaciones que un principio eran ya no lo sean más. El mundo como un pétalo que cae constantemente para formar un piso y una rosa nueva. 

¿Cómo son estos personajes? ¿Cómo es el cambio? “Noches demasiado frías, frío muy pesado, viento demasiado grande, ¿qué éramos, en esa cabaña? Cuatro pulgas en una costura (…) Fue un tiempo en que todos deseábamos que llegara la hora de empezar la fiesta, pero de día nadie lo mencionaba. En cuanto caía la luz empezaba”. Los personajes que Gallardo  crea buscan un camino propio, un camino en el que el transitar es distinto para cada uno. El núcleo que los une es aquello que encuentran: el enfrentamiento con una o varias verdades que atraviesan al ser y lo llevan hacia una libertad. Pero la libertad no es algo único que se repite como una fórmula. Los personajes no encuentran la misma libertad y tampoco lo hacen de modo similar, es entonces la lógica narrativa una disrupción para acercarse a un núcleo compartido.

¿Cómo acercarse a un mismo núcleo? ¿A qué distancia estamos del centro? A la misma y distinta siempre: “Nada es súbito en un desmoronamiento. Quien ha visto un incendio conoce la entrega escalonada de la materia, sus equilibrios, sus desplomes”.

La novela recorre voces, lugares, espacios, tiempos que van a un núcleo. Cada relato de los seis que componen a la obra encuentra una coralidad, una potencia que no necesita de los otros para existir pero se enriquece de la existencia de eso otro que construye juntamente una especie de totalidad. La libertad que llega a los personajes es la libertad que aparece también en la misma prosa de Gallardo, una libertad narrativa: “Todos estarán de parte de la Bella, hasta el monstruo. Y nadie, ni siquiera el monstruo, se habrá dado cuenta de algo que solo sabe la Bella: que la Bella es un monstruo”, libertad que permite descubrirnos, ¿qué es lo que descubrimos? La libertad, ¿y cómo sabemos cuando la hemos hallado? Cuando recorramos las orillas, los bordes, el espacio oscuro que tiene claridad.

La obra parte de un viaje, acercarse al centro es viajar, Andrei va desde Buenos a la Patagonia en busca de una vida de riquezas y honores. Viajar implica conexiones que lo llevan hasta Olga Katkova. Andrei se enamora de una mujer y la persigue en la búsqueda por una correspondencia. Una vez que llega al sur, a su otra búsqueda -la riqueza-, cruza caminos con Olaf con quien comparten un mismo negocio y para ello se instalan en una cabaña con dos mujeres: Oo y Lina. Los personajes, persiguen una forma de ideales de libertad, de amor, de correspondencias que muchas veces se convierten en otras formas, ya que si hay algo que no existe y que Gallardo lo deja claro es la linealidad. 

Los personajes de Lina y Olga se hacen cargo del yo en la narración para problematizar el concepto de libertad atravesado por las mujeres. Lina es quien se aleja de su mundo, de su casa y encuentra el placer, el odio, la mentira sobre ese placer, los celos que la llevan a cometer un acto que definirá si es preferible su propia muerte o la esclavitud; por otro lado, Olga es una voz que reflexiona, una voz ya madura que al contrario de todos los otros personajes, es la única quien puede percibir la totalidad y ver las trampas que entretejen a esa búsqueda de la libertad, Olga como un rosa abierta que puede ver la realidad sin las trampas, las mentiras, las ilusiones, una realidad que no supone nunca una esclavitud ni tampoco una forma de heroismo que no existe, una realidad que nos concibe reales sin pétalos falsos como los que el patriarcado ha creado a lo largo de los años.

La rosa en el viento es la claridad de las orillas.

Por Florencia C. Barba Lijerón

Arte Van Arce

(Todas las citas utilizadas pertenecen a La rosa en el viento).

La rosa en el viento, Sara Gallardo

Primera edición 1979

Editorial Fiordo 2020