Orlando de Virginia Woolf

“Una mujer sabe muy bien que por más que un escritor le envíe sus poemas, elogie su criterio, solicite su opinión y beba su té, eso no quiere decir que respete sus juicios, admire su entendimiento, o que dejara, aunque le este negado el acero, de traspasarla con su pluma”. 

Orlando es una de las respuestas de Virginia Woolf a la pregunta sobre las diferencias de género que recorre su obra. Esta novela es una parodia biográfica que describe la vida de un personaje inglés, Orlando, que vive casi cuatrocientos años, entre 1588 [período isabelino] y 1928 [entreguerras] y que, en apariencia solo envejece hasta los 36 años. La historia puede dividirse en las etapas de la vida del personaje marcada por sus viajes. Primero es miembro de la corte de Isabel, luego embajador, después se une a un grupo de gitanos y finalmente vuelve a sus tierras en Inglaterra.

Es una novela difícil de clasificar, mencionada a veces como del realismo fantástico, entre otras cosas, porque el protagonista cambia de sexo a mitad de la obra, sin razón aparente y sin cambiar de identidad. De esta manera, deconstruye la idea de género y deja claro que las únicas diferencias son culturales y siempre perjudiciales para las mujeres, por el solo hecho de serlo. La carga simbólica de este cambio de género naturalizado, a mitad de obra, transforma las rupturas de realidad en manifiesto y siembra el vértigo de lo inesperado en la trama.  

Lo interesante de que sea una falsa biografía, como recurso literario, es que genera una distancia que hace que la mirada irónica sobre las transformaciones sociales a través del tiempo resulte natural. Un gran mérito de esta novela es que entusiasma a seguir leyendo no tanto por la tensión de la trama como por su riqueza puramente literaria, que como un canto de sirenas encanta con una mezcla de metáforas, ironía, simbolismo, sátira y un tipo de prosa que, por momentos, parece poética, lo que le da un tono extraño, difícil de definir.

Tres tristes misceláneas o chusmeríos críticos

Varios críticos dicen que Orlando es un personaje inspirado en la pasión de Virginia por Vita Sackville West y los más chusmas aseguran que también fue su amante. Para probarlo insisten en que Orlando pasa de ser un lector apasionado a convertirse en una escritora reconocida y escribe el poema “La encina” durante toda su vida, que lleva siempre con él/ella como símbolo de la fusión entre literatura y vida. Lo que los críticos terminan jurando por su madre es que “La encina” es una clara alusión al poema “The land” de Vita Sackville West.

Dejamos a los críticos levantando una ceja con actitud de saberlo todo, para comentarles que la directora Sally Potter adaptó esta novela al cine en 1992 y que su mayor mérito fue elegir a Tilda Swinton para el papel protagónico y a Quentin Crisp como la reina Isabel.

Tanto Vita Sackville West como Virginia Stephen [tomó el apellido Woolf de su esposo Leonard] formaban parte del circulo de Bloomsbury, un grupo de artistas que vivían, en su mayoría, en ese barrio en el primer tercio del siglo XX. Los unía su  reacción contra la moral victoriana y el realismo del siglo XIX y su progresismo relacionado con el feminismo, el pacifismo y la sexualidad, así como la búsqueda de experiencias estéticas y del conocimiento como un fin en sí mismo.

Finalmente, ¿Porque recomendamos leer Orlando? Porque es una de esas novelas en las que lo absurdo de las diferencias de género resulta evidente desde lo no dicho, desde las mejores caras de la ironía que son la sutileza y su capacidad disruptiva, pero sobre todo, porque creemos que Orlando es una exquisitez literaria, también por eso queremos tanto a Virginia.    

Por Daniela Sánchez
Arte: Van Arce sobre ilustraciones de Helena Pérez García

Autora: Virginia Woolf

Primera fecha de publicación: 1928

Editorial: edhasa

Traducción: Jorge Luis Borges.

Páginas: 298