Marianne es una pintora que recibe el encargo de hacer un retrato de Héloise, una aristócrata que no quiere casarse, para enviarlo a su pretendiente. Esta se rehúsa a posar, por lo que Marianne debe pintarla sin su conocimiento.
La película de Sciamma es una sucesión de pinturas organizadas de una manera tan inteligente que no pierde la delicadeza ni el tono en ningún momento. Marianne recorre los pasillos con su mirada incisiva, la misma que aplica sobre Heloise en sus paseos. Marianne, la que sabe nadar, la que se mantiene sola, la que fuma en pipa, se enamora encontrando un ritmo común con Héloise, la que había soñado con correr.
El fuego, las olas rompiendo contra las rocas, el viento; la falta de música no es falta de sonoridad. Y ahí donde se siente su ausencia, se entiende la privación que sufren estas mujeres. Héloise dice nunca haber escuchado música fuera del convento. El arte no está exento de ser patriarcal. Marianne firmando sus pinturas con el nombre de su padre, no pudiendo realizar desnudos de hombres, el retrato que hace de la mujer que ama en busca de la aprobación de su pretendiente, son marcas del estatuto del arte en la época. Sin embargo, estas mujeres no dejan de demostrar el poder emancipatorio del arte. Marianne continúa el retrato de Héloise, pero a su vez la pinta durmiendo junto a ella en la cama, la pinta a su pedido junto a Sophie en una representación de un aborto, después de una escena impactante por su sencillez, donde Sophie acaricia a un bebé en la misma cama donde una mujer busca entre sus piernas acabar su embarazo.
En ese paraíso utópico construido en la ausencia de la madre, las reglas se diluyen, juntamente con los límites. Estas tres mujeres se vuelven una hermandad en la cual no existen diferencias sociales. No hay espacio que no pueda ser compartido, no hay amor que no pueda ser declarado. No inocentemente se recupera la imagen de la brujería en esa reunión nocturna de mujeres junto al fuego, del castigo que alcanza la falda de Héloise. Es el primer momento en que la música se vuelve avasallante, la emoción se incrementa y atraviesa a los personajes. Las voces unidas de estas mujeres abre la relación de Marianne y Héloise, cuando en la escena siguiente se dan su primer beso.
El encuentro de estos tres personajes no es disruptivo, es un limbo, un lugar de espera. El tiempo pasa y pesa sobre ellas. Para las amantes con fecha de expiración, cada beso nace con tristeza. Para Sophie, los días son marcados por el embarazo que se empeña en perder. Marianne le dice a Héloise que no se arrepienta, que recuerde. El tiempo compartido junto a ese acantilado persiste en ellas, y en el arte que compartieron, al liberarlo de sus reglas, liberándose ellas juntamente en él.
El último plano de la película, uno de los más hermosos que alguna vez haya visto, muestra una Héloise quebrada frente a la magnificencia de una orquesta en Milán. La vida ha seguido, las ha separado, y sin embargo la mirada de Marianne vuelve a encontrarla, a la distancia, con la misma pasión, aun guiando la cámara, en un plano que se acerca y se cierra sobre la emoción desgarradora de Héloise, que no se sabe mirada.
Por Julieta Henrique
Arte: Van Arce
