Distancia de rescate

Samanta Schweblin es una escritora argentina que se interesa por los vínculos familiares. Encuentra el drama humano en la institución familiar, en los primeros años de vida. “Distancia de rescate” es una novela que trama el vínculo madre-hija de Amanda y Nina cuando deciden pasar unos días en el campo, disfrutar de la naturaleza y el silencio.  El relato no empieza así, con calma, sino que se abre con una incógnita.

Amanda conoce a Carla, una mujer que vive en una casa cercana con su hijo y marido, entablan una relación afectuosa e inquieta. Carla empieza a contarle anécdotas extrañas sobre la vida en el campo y la crianza de David. A medida que avanza el relato la situación se tensiona. Se despliegan dos tramas: en una se construye el diálogo de estas dos mujeres que transitan las tardes al sol, mientras Nina juega, y en paralelo otra conversación que entabla Amanda con David. Ambas narraciones se alimentan mutuamente y encastran como partes de un mismo rompecabezas. 

El suspenso que abraza a les lectores desde el comienzo, se mueve alrededor de un recuerdo que Amanda debe reconstruir. Toda la historia avanza, retrocede o se estanca, en base a lo que ella pueda recordar, algo que intuimos desde el principio que es fundamental. La búsqueda por alcanzar ese recuerdo nos mantiene alerta, atrapades en un frenesí que al principio es una cosquilla, y a medida que avanza la historia, se convierte en una sensación de ardor insoportable. 

Se pone en juego el vínculo de Amanda y Nina, que aunque están acostumbradas al bullicio de la ciudad, descubren en las primeras páginas que el campo solo es tranquilo en la superficie; las vacaciones tan ansiadas se transformarán de forma inevitable, en peligro. ¿Y si el campo fuese un monstruo que viene en busca de vos? 

 Como en toda novela que trata el vínculo madre-hija aparecen leyendas fantasmagóricas propias del pueblo, secretos familiares, y un tinte terrorífico que tiñe las páginas hasta convertirla en una historia de terror. Un relato adictivo que no puede soltarse hasta haber acabado de leer las últimas palabras. E incluso después, releerlas varias veces. 


Por Camila Miranda De Marzi
Arte: Van Arce