“Recomiendo que siempre se examinen las estructuras de poder”
Gabriela Cabezón Cámara es escritora, pero en este instante se define como una mujer sentada en un sillón con un perro, en una casa que es una especie de quincho con dormitorio rodeada de jardín, contestando preguntas por teléfono. Está harta, angustiada, y se pone bien cuando ve que crecen las plantas de su huerta. Define esta pandemia como distópica y propone que pensemos otros mundos posibles.
En estos momentos se revela toda la crueldad e inequidad, toda la barbarie extractivista. Este virus surge por el contacto con animales silvestres que perdieron la posibilidad de vivir en su lugar y eso tiene que ver con la deforestación, con el cambio climático y entender esto como único horizonte, es pensar en narrativas del fin. Creo que podríamos tratar de pensar otras posibilidades. Al final de Las aventuras de la China Iron hay un mundo posible que no es un fin.
Entonces, ¿Cuál es la relación que ves en les escritorxs y las generaciones futuras?
Lo que yo veo en les chiques, especialmente en les poetas, es una actitud muy combativa, una intervención: cada vez que dicen un texto en público hacen un acto político con una conciencia social y sin ningún temor de rozar el panfleto, hay una actitud muchísimo más combativa. A mí eso me gusta. Veo fuerza.
Entonces, ¿la literatura es una construcción colectiva? ¿Cuál crees que es tu lugar como escritora?
Se hace con la lengua y la lengua es colectiva, entonces siempre es colectiva en alguna medida. Un libro siempre habla con otros, también usa los discursos que circulan. Un libro, una obra, un texto, es el pasaje de algo colectivo por un punto histórico biográfico individual, por una subjetividad. No hay algo más social que la lengua -aunque si las hay (risas)-, pero es lindo decir cosas exageradas.
No sé cuál es mi lugar, es algo que varía momento a momento, y tiene que ver con la relación con les otres constantemente. Pensar en un lugar es pensar un lugar en un sistema. Sé que es un lugar mayor del que hubiera tenido hace 30 años yo o cualquiera de nosotras. Por lo demás, si tuviera que definir las coordenadas con las que trabajo: escribo en argentino y soy mujer. ¿Quién sabe en qué lugar está?
La aventuras de la China Iron puede pensarse como una reescritura, ¿creés que el Martín Fierro tiene o puede tener una reescritura constante?
Sí, todo puede ser una reescritura constante. Martín Fierro lo que tiene de particular es que se lo puso -y ahí sí hay un lugar fijo- como libro nacional, y termina siendo un héroe nacional, se vuelve sustancia mítica. Por otro lado, parte de una tradición que es la gauchesca. Bartolomé Hidalgo agarra el romancero y le saca el catolicismo, la monarquía, le saca su hispanidad y solo deja el castellano, toma el metro y la narrativa en verso para llenarla de contenidos propios de la revolución francesa y las ansias de liberación que andaban dando vueltas acá en Argentina. Esto pasa en 1806, 1807, es un formato antiguo el romancero y acá fue reescrito de esta manera y se llenó de lengua argentina.
El Martín Fierro entra en un canon constante, ¿creés que en algún momento deje de estar y sí estén todas esas reescrituras?
No tengo la menor idea, lo que sí sé es que la idea de canon no me gusta, porque es muy piramidal, como un sistema de jerarquías. Y prefiero pensar la literatura como un sistema de red, donde lo que vas encontrando tiene que ver con lo que buscás, mapas de lectura que se acomoden a tu deseo.
¿Qué es el canon? ¿Quién lo arma? ¿Cómo lo arma? ¿No será arbitrario? De hecho, los cánones se hacen y se rehacen según el momento político, según quien mande, según modas. Lo que tiene el Martín Fierro, separado del resto del canon, es que fue puesto en el lugar del libro nacional y ¿qué pasaría si ese libro nacional no fuera el Martín Fierro y lo fuera Facundo o La expedición a los indios Ranqueles?
Feminista y queer son características que se le dan a tu último libro. ¿Agregarías algo más a esta descripción? ¿Como, por ejemplo, que da cuenta de la bestialidad que tuvo la historia argentina?
No puedo definir: lo que escribo, lo escribo. Creo que a todes les autores nos pasa, salvo cuando se escribe un texto de barricada. Verlo como queer y feminista es una entrada como podrían decirse otras. Está mucho en el lector esto. Yo no quiero dirigir ni influir en la literatura de nadie. Sstedes me dirán si se le puede agregar algo a esa descripción, ustedes en tanto que escritoras, colegas.
La china reelabora a su vez todo un mundo que le pertenecía a la gauchesca y que no incluía a las mujeres. ¿cómo pensás estas reelaboraciones en la actualidad? ¿O qué reelaboraciones hay actualmente?
Me parece que en los últimos tal vez 40 años hubo toda una reescritura en muchas artes. Esto se reescribe hace mucho, cuando entran mujeres a lugares importantes o cuando se cuenta la historia desde la perspectiva de una mujer. No lo inventamos nosotras y se va a seguir haciendo porque hubo muchos siglos en que esto no se vio ni se escribió. Ya ni siquiera es un gesto deliberado o rabioso. Esa perspectiva no está escrita y te dan ganas de intentar escribirlo, es hermoso encontrar perspectivas nuevas y construirlas. Por eso se tiene que agrandar el universal; no puede seguir siendo solo el del hombre blanco, europeo o norteamericano. Un mundo mejor que este tiene que tener un universal mucho más elástico donde entremos todes y eso quiere decir contar la historia desde nuestras perspectivas.
¿Por qué es un evento tan fuerte en la comunidad travesti que salga un libro como Las malas de Camila Sosa Villada? Porque es una de ellas contándolas a ellas y encima haciendo alta literatura. Eso es adueñarse de un territorio nuevo que también les corresponde a todes. Camila hizo un borde de arco a arco en una comunidad en que las personas no pueden elegir de qué trabajan y mueren en promedio a los 35 años; no hay mucho tiempo de escribir novelas si vivís urgida por la supervivencia y todo lo que padecen muchas travestis. Por eso, también es tan importante que las personas que no era publicadas o que no eran leídas, escriban: por eso digo que el universal se tiene que agrandar y tiene que dejar de estar ese extrañamiento sobre quién publica. Cuando conquistemos todos esos territorios, decir que una novela es queer va a querer decir otra cosa.
La china Iron ve todo por primera vez. ¿Cómo fue ver tu todo por primera vez cuando descubriste que la gauchesca no incluía a las mujeres?
Fue una delicia tratar de construir un mundo, de mirarlo incluso como si fuera por primera vez y con los ojos de la libertad y la alegría. Me daba risa, era una sensación muy vital.
¿Hay miedos en tu escritura?
El miedo a no escribir, el miedo a no poder.
Nombras en tu gauchesca ese no lugar de la mujer, ¿cuáles son los monstruos de este tiempo? ¿Cómo lo narrarías?
Hay un monstruo en Martín Fierro que es la consolidación del Estado Argentino en base a una economía de latifundios y de extracción de materias primas. Lo último no cambió y es feroz. En plena cuarentena se deforestaron miles y miles de hectáreas en el Gran Chaco, segundo pulmón de Latinoamérica. Y lo están deforestando para plantar soja. En esa deforestación, por supuesto, están dejando sin recursos para vivir a todos los pueblos que vivían ahí. Por ejemplo, los wichis que les contaminaron el río y desmontaron el monte no eran pobres, es gente a la que se le robó lo que tenían para vivir. Ese monstruo está muy vivo y hay más extractivismo, más soja de mierda, más deforestación, más megaminería. Está presionando y con la pobreza post pandemia van a apretar de manera feroz.
¿Desde la literatura se puede luchar?
Uno puede luchar desde el lugar desde el que se le dé la gana y también desde el lugar que pueda.
Siempre nombrás una musicalidad en tu escritura… ¿Qué significa esa musicalidad? ¿Y por qué se la asocia a tu deseo? ¿Hay momento de no sentir placer en tu escritura?
La musicalidad es mi manera de hacer consciente la materialidad de la lengua. La lengua, antes que nada, es oralidady la oralidad es sonido, y ese sonido puede ser organizado de maneras diversas. No me interesan solo las músicas al estilo que lo hago yo, también me interesan las secas y minimalistas, esas que tal vez sean menos evidentes, pero están. La música de Selva Almada en El viento que arrasa por ahí es menos evidente, pero es una música colosal.
¿Podrías leer algo que no tenga musicalidad? ¿Puede no haberla?
Creo que hay escrituras que privilegian menos ese aspecto de la lengua. Las que directamente parecieran no tener consciencia de esto o no la tienen en cuenta, son escrituras que no está viva. Y a mí interesan las escrituras vitales.
“El tirano está en bolas”. ¿Qué haces vos con eso?
¿Qué hago con eso? No lo tengo a mano por qué está en bolas, pero no se sabe quién es tan claramente. Obviamente algunos nombres tenemos, como la nota que sacó Greenpeace hace una semana sobre los seis tipos que están deforestando el bosque del Chaco y de la Patagonia. Están organizados en sistemas financieros que son completamente opacos, pero son los que hacen que pensemos que el orden de cosas en el que vivimos -me refiero a la desigualdad- sea lo único que puede pasar. Es la gente que trabaja para que pensemos que esto es naturaleza y no, no es naturaleza que haya 26 tipos que tengan más guita que seis mil novecientos millones de personas. Antes hablábamos de que la lengua es social, pero ¿a quién se le ocurrió que la tierra podría no ser social o que el agua podría no ser social? Pienso en una sociedad interespecies: la tierra es de todes y sino, si la hacen mierda, se viene abajo y pasan cosas como el cambio climático. Es tan social y es tan importante que podríamos vivir sin literatura, pero sin tierra no. Podríamos vivir sin literatura en el sentido de que occidente considera a la literatura que genera autores, libros y presentaciones y sistemas de legitimación, porque literatura, mientras haya humanidad, siempre va a existir.
Y en todo esto que estamos hablando, ¿creés que puede haber un fin del capitalismo?
Hubo fin de todo, lo que no sé es si puede haber un fin del capitalismo que acabe con todos nosotros o casi todos.
En relación a esta información que uno tiene y golpea adentro, ¿cómo es tu proceso de escritura?
Trato de correrla un poco, de dejarla en segundo plano para poder escribir, porque cuando quiero ir muy directo hacia una información me trabo. De todas maneras, esta información que tenemos nos constituye y en la escritura termina saliendo. Pero cuando es muy directa a mí me complica. Hoy pasaron en las noticias un video de un niño migrante que quiere despertar a la madre y la madre estaba muerta parece que por el coronavirus. Si yo quisiera escribir eso directamente tendría miedo de estetizar la desgracia. Si hubiese querido hacer entrevistas para escribir Le viste la cara a Dios, hubiera tenido que hacer un libro no ficción porque yo no puedo usar el testimonio de una persona que pasó por una circunstancia tan atroz para después meterlo en mi música, eso no me gusta hacerlo. Prefiero ir a la ficción y no traicionar a nadie. Puede haber una potencial traición en el uso literario de los testimonios de otros, entonces trato de ir a la ficción y dejar que la historia crezca por sí misma y que no me coma demasiado la llama que tengo adentro, porque a mí la llama me da ganas de salir a la calle más que de escribir, sobre todo si está muy encendida y en primer plano. Si la tengo consumiéndome más tranquilamente sí me alimenta la escritura.
En este alimentar de la escritura, ¿qué se hace desde el lugar en el que estamos?
Me parece que hay que juntarse con otres y charlarlo. Por ejemplo, posicionarnos como colectivo y tratar de hacer algo desde ahí, en esta catástrofe que estamos viviendo. Pretender que uno pueda escribir sin hablar de esto es engañarse porque, quieras o no, lo vas a tocar.
¿Qué pensás de la carencia en cuanto a un colectivo de escritores?
Es un problema que tenemos les escritores y cada tanto surge un intento y nunca terminamos de lograr esa consolidación del colectivo, que nos trae muchos problemas después. Los estudiantes de “Licenciatura en Artes de la Escritura” tienen una oportunidad enorme de cambiar esto porque ya está el espacio de institución y desde ahí se puede hacer mucho y esto es inédito; son los primeros, así que tienen mucha responsabilidad.
¿Cómo encontrás el equilibrio de estar con las manos en la tierra y también estar conectado?
Creo que tenemos que no hacer de cuenta que el mundo está funcionando como si en el mundo no hubiera pasado nada porque está pasando una enormidad. Que no se pretenda que produzcamos como si esto no estuviera pasando o que trabajemos lo mismo, que no se mida este tiempo en términos de productividad, que sea si podés, si querés. Algo se está cayendo y no sé si va a salir algo mejor, pero esto se está cayendo y es la forma en la que vivíamos y a eso hay que darle un lugar. La hiperconexión es agotadora, es muy desgastante, porque estamos aislados. Yo no encuentro el equilibrio. Estoy tratando de huir de las redes, de hacer lo menos que se pueda virtualmente, pero si tengo que trabajar lo hago, también extraño.
¿Qué recomendás tener en agenda permanente?
Recomiendo que siempre se examinen las estructuras de poder, que no seamos ingenuos, que miremos. Saber que existen y mirarlas fijos. Saber que no son naturalezas y que puede haber otras.
Recomiendo la novela Gran Sertón: Verderas y ver lo que hace João Guimarães Rosa con la lengua porque es muy increíble. Además me parece que en Argentina leemos poco de Brasil y nos perdemos algo. Sinceramente, leemos poco a Latinoamericanos, así que recomiendo leer a hermanes latinoamericanes. Ahora estoy leyendo a Cristina Rivera Garza que acá se lee poco y nos perdemos algo muy interesante; o a Liliana Colanzi porque es una perspectiva que tiene que ver con la nuestra. Tenemos que representar nuestra perspectiva porque es donde amamos, donde vivimos, donde trabajamos, etcétera. Y no es que sea una perspectiva antagonista, sino entender que es otra, que es una perspectiva latinoamericana y que con eso alcance y sobre. Hace falta que esto se pronuncie.
Esta cuestión de Latinoamérica es otra lucha que tenemos que dar, leer a nuestros colegas: hay mucha maravilla y si algo somos nosotros es latinoamericanos. La argentinidad es una anécdota de latinoamericanidad, es un avatar posible entre todos los otros que hay.
Por Florencia Barba Lijerón
Arte: Van Arce sobre foto de Grillo Valdéz
