Cadáver Exquisito

“Estebancito lo mira con un brillo en los ojos, un brillo lleno de palabras como bosques de árboles quebrados y tornados silenciosos. Pero la que habla es Maru: – Estamos adivinando qué gusto tendría el tío Marquitos.”

El conflicto que tensiona la trama  durante toda la novela gira entorno a una pregunta: ¿Hasta qué extremo somos capaces de usar nuestro mecanismo de negación para mantener nuestros privilegios? Con una prosa tan directa y afilada como el cuchillo de un matarife y un dinamismo en la acción que avanza, sin prisa pero sin pausa, Agustina Bazterrica nos enjaula bajo la piel de su protagonista, Marcos Tejo, quien trabaja en un matadero de humanos, que también se relaciona con su compra y venta para otros usos derivados, donde lo que se ve nunca coincide con lo que se dice.

      Cadáver exquisito nos lleva a un mundo en el que un virus atacó a los animales y su carne no puede ser consumida. Los gobiernos legalizan la cría, reproducción y matanza de humanos para el procesamiento y venta de su carne para consumo. En este mundo, el canibalismo ha sido naturalizado [como el consumo de animales de otras especies en nuestra sociedad contemporánea] y los humanos han quedado divididos en dos grupos: los que comen y los que son comidos. La verdadera diferencia entre unos y otros es solo una: el poder.  

Esta trama escalofriante y su atmósfera densa es sostenida por un uso del lenguaje directo que organiza el avance de la acción constante como un pulso que se acelera, el ritmo cardíaco de una víctima a punto de ser sacrificada. Bajo la piel de Marcos, habitada por contradicciones, dudas y por el dolor de heridas familiares que aún sangran la pérdida de un hijo, una separación y la enfermedad crónica de su padre, la autora, como un Virgilio en busca de nuestra redención y la de su personaje, nos hace transitar por todos los círculos del infierno del comercio de carne y sus eufemismos: inseminación artificial, clasificación de humanos para exportación y experimentación científica o como piezas de caza, alteraciones genéticas y aplicación de hormonas para la aceleración del crecimiento, hembras humanas como incubadoras de crías, de quienes separan al nacer, para extraer su leche y venta de piel humana para curtiembres.  

 A pesar de su participación directa en ese horror fabricado a medida del dios de la mercancía y del egoísmo voraz, donde la crueldad y la estupidez parecen ilimitadas, es posible empatizar con su protagonista, por sus dudas y contradicciones con lo que lo rodea, y porque, por momentos, su redención parece inminente. Este efecto se remarca porque la voz narradora está construida desde una tercera persona muy cercana al protagonista, lo que permite acompañar a Marcos con menos incomodidad, al reconocer su dolor y debilidad al momento de oponerse a la tortura y masacre, sistemática y constante. Esta cercanía hace que el final sea tan inesperado y desesperante como una herida mortal.

  El punto final de este libro nos deja de uno u otro lado del cuchillo, de uno u otro lado del abuso de poder. O bien te identificas con las víctimas y te encontrás en una caída libre hasta el final del libro, con la esperanza de salvarte, que deja el cuerpo atravesado por una angustia que atenaza la garganta, difícil de exorcizar, o seguís bajo la piel del victimario ahogándote en tus propias contradicciones, capaz de crueldades sin nombre pero siempre desde la complicidad o la omisión, intentando lavarte desesperadamente las manchas de sangre de tu conciencia, antes de perderla por completo. Si esto es lo que nos pasa, el efecto después de cerrar el libro es tan alienante como horroroso, como descubrir al monstruo fratricida que nos habita.

¿Por qué cadáver exquisito es una excelente novela tan recomendable como necesaria? Porque nos enfrenta a preguntas urgentes ¿Qué es lo humano? ¿Es el otro una invención para justificar las atrocidades de nuestro patético egoísmo? ¿Cuándo inventamos el derecho o la necesidad de cosificar, torturar y explotar a seres no humanos? ¿Masacramos por placer o porque es rentable? ¿Vamos a seguir siendo cómplices y partícipes necesarios de la masacre sistemática y genocidio de animales no humanos? ¿Es tan difícil encontrar la honestidad y los ovarios, o los cojones, para decir basta?

Solo hay dos opciones: seguir comiendo cadáveres, en la vereda de los verdugos, o dejar de comerlos, cruzar de vereda y ser parte de la resistencia.

Somos animales humanos. Primero animales, después humanos.

Por Daniela Sánchez
Arte: Van Arce

Autora: Agustina Bazterrica

Editorial: Alfaguara

Páginas: 249

Premio: Clarín novela 2017