La idea de un lago: una memoria atravesada por la ausencia

Después de una aclamada Abrir puertas y ventanas (2011), Milagros Mumenthaler presenta La idea de un lago (2016), libremente inspirada en Pozo de aire, un libro de Guadalupe Gaona.

Inés (interpretada por Carla Crespo como adulta y por Malena Moiron cuando niña) trabaja en un proyecto fotográfico mientras atraviesa un embarazo, recientemente separada. La película inicia con Inés leyendo el prólogo de su libro, mirando a cámara. Como espectadores, somos participes de este trayecto de producción de obra, y accedemos al detrás de escena: una serie de recuerdos en distintos formatos que tratan de reconstruir un espacio en blanco, que años después sigue instalando un silencio devastador en los vínculos familiares: la desaparición del padre de Inés en 1977.

Cada flashback aparece con un tinte propio, ambientado en sensaciones y anhelos con los cuales cada edad marca lo que vive. Se nos entregan escenas maravillosas como el baile de Inés junto al Renault 4 de su padre flotando sobre el lago, o el juego de linternas por la noche en el bosque.

Pese a ser un personaje introvertido que demuestra una fuerza de independencia devastadora ya desde niña, la inocencia de Inés se filtra por momentos en miradas, comentarios, en un temblor de las manos al sostener una videocámara. Ella vuelve atenta sobre esos veraneos en Villa La Angostura, buscando en un dolor que no tuvo entierro, que dejó heridas, pero no rastros. Fotografía los espacios vacíos, porque esta película sabe lo mucho que tiene para decir un silencio.

Lejos de adoptar una mirada política, o buscar hincar el diente en un periodo doloroso de la historia argentina, La idea de un algo es un relato íntimo, que pone el foco en una mirada joven, en el ojo instintivo que reconoce más de lo que se espera de él, pero descifra los eventos sin los vastos nombres con los que al crecer queremos etiquetar todo. Junto a Inés se encuentra su madre (Rosario Bléfari) y su hermano Tomás (Juan Bautista Greppi). Los tres toman posiciones diferentes respecto a la ausencia del padre. Cuando Inés decide comunicarse con el Equipo Argentino de Antropología Forense, su madre se endurece revelando sus miedos, durante tantos años traducidos en silencio, por querer reparar una escena familiar rota.

El trabajo variado con la imagen, que adopta por momentos la opacidad y porosidad de otra época y apuesta a modificar el tamaño de los planos, así como el juego con el fuera de campo y una interpretación de los diálogos que acerca al espectador a la intimidad de esta familia (resaltan Rosario y Carla en sus intercambios madre/hija) son vitales para la experiencia emotiva y delicadamente desgarradora a la que da lugar La idea de un lago. Se mantiene un cuidado exquisito de todos los aspectos que reúne esta película, y que nos deja en el final con un gran plano general del Renault 4 flotando a lo lejos en el lago, con la melodía de Quiero estar entre tus cosas de Daniel Melero sonando de fondo.

Por: Julieta Henrique
Arte: Van Arce