Colossal: relaciones monstruosas

El director español Nacho Vigalondo vuelve a desafiar lo verosímil en esta película que fusiona fantasía, comedia romántica, drama, y las “kaiju eigas”, esas películas asiáticas protagonizadas por monstruos gigantes, como Godzilla. Las muertes en manada están, los cientos de extras corriendo y los edificios siendo derribados también. Todo lo que se espera de una película “pochoclera” no está ausente, solo que sigue otras reglas, tiene una heroína en lugar de un héroe, y no hay beso final en medio del desastre.

Gloria (Anne Hathaway) es una mujer alcohólica que tras haber perdido su trabajo, su novio y el departamento donde vivía, decide volver a la casa de pueblo donde creció. Al llegar se encuentra con su amigo de la infancia Oscar (Jason Sudeikis), quien le ofrece trabajo en su bar y le presenta a sus amigos. Tras una borrachera más, Gloria descubre que a determinada hora y pasando por determinado sitio puede controlar a un monstruo gigante que está arrasando Seúl.

Colossal es gigante, aunque suene redundante. Y no me refiero al monstruo que aparece sorpresivamente en Seúl y comienza a destruir la ciudad. Mejor dicho, no me refiero solo a ese monstruo. Es una reflexión sobre el alcoholismo, sobre la amistad, una mirada dentro de la independencia femenina, una crítica a la responsabilidad de quienes a la distancia parecen no sufrir las consecuencias de sus actos en una época virtual, un comentario sobre la vuelta de la ciudad al pueblo, y también sobre las marcas que deja la infancia. Y al dejar la huella de este monstruo misterioso sobre cada una de estas temáticas, se convierte en lo contrario a lo que se espera de la fantasía, de la comedia romántica, del drama. Rompe, porque los personajes no hacen lo que esperamos que hagan, sino algo más parecido a lo que haría la gente que conocemos, que cruzamos. El villano no se revela hasta avanzada la película, y no es precisamente el monstruo gigante. ¿No es así cómo aparecen los villanos en la realidad?, ¿cuando ya están en la comodidad de nuestra vida?

Tanto el monstruo como el robot gigante que aparece en Seúl son representaciones tóxicas de la relación de amistad entre Gloria y Oscar. La inferioridad que él siente frente a ella, desde ese proyecto escolar que ella hizo mejor, hasta su falta de sentimientos románticos una vez que se reencuentran, abre lo fantasioso en la película. Es acá donde los defensores férreos de la credibilidad tienen que abandonar el barco o ablandar la cabeza.

Las dinámicas relacionales en Colossal muestran los peligros de los mandatos masculinos, de los grises románticos y los impulsos controladores. Oscar no es violento hasta que no consigue lo que quiere. El novio de Gloria solo la quiere cuando se acerca a lo que él espera de ella. Los amigos de Oscar se respaldan entre sí, sin importar el aprecio que puedan sentir por Gloria. Todas estas relaciones se empastan, y revelan lo peor y lo mejor de cada uno. Lo hacen a gran escala, como Nacho Vigalondo propone verlo, en el terror que desatan kaijus al otro lado del mapa. Una forma interesante de ver las relaciones humanas: como los monstruos que pueden llegar a ser.

Por Julieta Henrique
Arte: Van Arce