Escribió uno de los libros más provocadores de estos tiempos, canta boleros, es actriz, comunicadora social y, además, una de las voces más representativas de la lucha por los derechos LGBTIQ+, especialmente de las travestis.
Camila Sosa Villada se volvió una estrella en el ambiente literario tras la publicación de “Las malas”, la novela que cuenta que un grupo de travestis encuentra un niño abandonado entre los árboles y deciden rescatarlo. Pero también, cuenta la historia, de crueldad, maltrato y abuso a la que son sometidas las travestis. Un relato que Camila ha expuesto en primera persona en varias de sus obras y entrevistas.
Fue ella quien contó que sus padres le decían que un día la iban a “encontrar muerta en una zanja”, porque ese era el único destino posible para las travestis. En aquelllos tiempos Camila estudiaba Comunicación Socialen Córdoba Capital mientras se prostituía en el Parque Sarmiento. Por suerte, a diferencia de muchas otras chicas, Camila pudo demostrar que no, que a veces, aunque escasas, hay otro destino para las travestis.
Recientemente nominada para los premios Medifé, y a punto de reeditar “La novia de Sandro”, por Tusquets, la actriz le puso su voz a “Amor de cuarentena” una obra escrita por Santiago Loza en la que también participan Dolores Fonzi, Jorge Marrale, Cecilia Roth y Leonardo Sbaraglia. La gran novedad de esta obra es su formato: es sólo a través de un audio. Durante dos semanas escuchamos una voz que llega por mensajes de Whatsapp y reconstruye un vínculo amoroso imaginario con un ex.
Contame de Amor de cuarentena. ¿Cómo es que fuiste convocada para esta propuesta?
Me escribió uno de los productores. Yo lo conocía porque el año pasado había trabajado con él ahí en el Cervantes, haciendo una curaduría. Y al principio pensé que era algo del Teatro Cervantes en realidad. Me parecía súper bien que los teatros grandes incluyeran travestis en los elencos. Y después me enteré que era una cooperativa, entonces para mí fue un sacudón. Nunca pensé que me fueran a llamar. Porque además los textos podría hacerlos tanto un hombre como una mujer. Bueno, de hecho tenemos todos los mismos textos. Había algo interesante en la viveza de no sé quién habrá sido, quienes habrán propuesto mi nombre ahí. Pero me pareció que estuvo muy bien eso. Al ser una cooperativa tuve que trabajar más, que no lo pensé. Dar notas, hacer todo ese agite en redes. Y encontré una forma que estaba buena de hacer algo por mí y por alguien más. Como era un trabajo que me venía de arriba, no me resultó agotador. Grabé dos veces todos los textos. Entonces decidí que parte de lo que yo recaudara fuera al Archivo de la Memoria Trans, porque es un espacio que me parece muy importante culturalmente para nosotras, para las travas. Y se re engancharon para promocionarlo desde el grupo. Y yo pensaba “ay cómo se lo tomará Marrale, cómo se lo tomará Sbaraglia”, pero todos aceptaron gustosos y estuvo buenísimo.
Después lo que digo siempre en las notas, la importancia que tiene comprometer la palabra, comprometer la imaginación a través de la palabra, que es algo a lo que a veces no estamos acostumbrados. Yo que estudié teatro en la facu, había un desprecio hacia el teatro hablado, hacia el teatro con una fuerte presencia de los diálogos. Entonces, me pareció como una reivindicación hacia algo que te entra por el oído y vos lo completas imaginándotelo. Eso me pareció maravilloso. Sobre todo en una época de tanta pasividad, de tanta quietud, de tanta cosa contenida. Que venga algo de afuera y a vos te ponga a pensar en un otro, imaginarte a una persona que está del otro lado, que te dice palabras lindas, que te extraña, que piensa en vos. Me pareció alucinante.
Absolutamente. Después de escuchar tus audios, sentí que la obra me llevaba un poco al radioteatro. A tener que usar mucho la imaginación para poder completar.
Claro, porque el radioteatro usaba la radio como soporte. Pero acá la síntesis está muy bien. Y es que verdaderamente es un mensaje de audio. No es que vos estás escuchando un monologo “x” que te manda una persona. No. Es un mensaje de audio para vos. Entonces tiene una cosa redonda y perfecta que para mí está muy bien.
¿Crees que estas nuevas formas de hacer teatro van a seguir cuando volvamos a la “normalidad”?
Bueno hay un montón de salas que se están haciendo proyecciones de obras, otras que se están preparando para hacerse por streaming. A mí justamente lo que me gusta de Amor de cuarentena es que parte del teatro es que sea un mensaje de audio. Yo no sé si me pondría a ver una obra en la pantalla de la notebook. Eso no lo haría. Tendría que estar cerrado como está cerrado esto. No me imagino ver teatro a través de una plataforma. Primero porque justo era una de las pocas artes que se estaba salvando de la tecnología, así que veremos qué pasa. Ojalá que se encuentren formas como esta, donde el soporte este completamente al servicio de la trama, de la escena, y no al servicio de la comercialización de la obra.
Hablemos un poco de Las malas. ¿Cómo empezaste con el proceso de escritura?
En el 2017 quería hacer una cosa que finalmente no pude, que era presentar un libro, estrenar una obra de teatro y un corto sobre la Difunta Correa. Mis viejos cuando yo tenía 26 años fueron a la Difunta Correa a hacerle una promesa para que yo dejara de prostituirme, dejara la calle y encontrara un laburo. Y a los tres meses estrené Carnes tolendas, crease o no. Y dejé de prostituirme. Entonces la idea siempre estuvo rondando, porque además me parece un material muy bonito para contar. Y me parecía que de las cosas que se me ocurrían, la pregunta más curiosa era qué había pasado con el bebé de la Difunta Correa. Entonces se me ocurrió que lo habían encontrado las travestis de Parque Sarmiento. Empecé a escribir la historia con esa imagen, en la que lo encontraban después de doscientos años en una zanja y se lo llevaban a su casa. Que era la historia de Tía Encarna, que aparecía al final de la obra, ya casi para cerrarla, y hablaba de los milagros… Me emociona un poco.
Me emociona a mí también escucharte.
Pero no llegue a escribir el libro (con la voz quebrada) porque bueno como hacía teatro pobre, no pude ni filmar el corto, ni hacer el libro. Al año siguiente Documenta, que era el teatro donde yo estaba trabajando y que también tiene una editorial (Ediciones Documenta), me pidió que escribiera un libro sobre mi relación con la escritura y la lectura, sobre cómo me había convertido en escritora. Entonces lo presentamos en un FILBA que se hizo en la cumbre, acá en Córdoba, en el 2018, donde también estaba Forn (Juan). Y él me pidió que le mandara lo más raro que tenía y yo tenía el principio de la historia que era como la tía Encarna encontraba ese bebé. Después yo cometí el error de agregar algunos pasajes que tenía escritos sobre mi travestismo en el pueblo, mi infancia, cómo se había empezado a gestar este misterio. Porque me daba la sensación de que completaba algo de la historia. Y a Forn eso le encantó. Yo le dije que lo quería sacar, y él me dijo que no, que vamos por acá. Entonces estuvimos armando el libro entre los dos. Entre 2017 y mediados de 2018 ya habíamos terminado la novela. Trabajamos mucho. Él además es un editor muy minucioso. Iba y venía todo el tiempo con correcciones. Yo soy buena alumna, así que respondía bien a esa demanda suya. Estuvo buena la experiencia.
¿Cuánto de lo que retratas en la novela de lo hostil de ese mundo existió en la realidad?
Todo, y quizás haya existido más. Yo no tengo memoria con detalle de cada oprobio con el que nos apedrearon en esa época. Es como dice Alice Munro: es autobiográfica en la forma pero no en el contenido. Yo expandí. Inventé esos personajes porque necesitaba que además fueran muchas. Quería hacer algo así como una épica, como un Señor de los anillos pero lleno de travestis, que se transformaran en pájaros. Había una que ponía huevos, que después Forn me la sacó. Otra que robaba cuadros de Modigliani. Bueno, era como toda una épica que él un poco la contuvo. Estuvo bien la verdad que lo hiciera.
¿Esperabas la repercusión que tuvo?
No. Sabés que Forn me decía que le iba a ir bien al libro. Yo la verdad que no, no sé. Me había ido bien siempre, con los dos libros que había sacado antes, La novia de Sandro (2015) y El viaje inútil (2018). Me acuerdo que una vez en una nota habían puesto “un modesto éxito editorial” y a mí me parecía que estaba bien que era verdad, que me había ido bien, sin imaginarme que iba a terminar acá, con ocho ediciones en Argentina, más todas las que están afuera dando vueltas.
¿Sentís que con la escritura de Las malas se sanó algo?
No. Yo creo que no han inventado un antibiótico tan fuerte para sanar todo lo feo que han hecho con nosotras. Algo que es intransferible, no puedo ni contárselo a mi pareja, no lo entiende. Eso no se puede solucionar con la palabra. Pedirle eso a un libro me parece un poco injusto, porque el libro está para otra cosa. No sé si tengo intención de curarme todo eso de esa manera. No sé si tengo intención de curarme, además. Porque el hecho de estar despierta con un dolor, con esta fiebre, hace que yo esté alerta, que no me distraiga. Que no pierda de vista que estoy viviendo en un terrero hostil, que estoy viviendo en tierra enemiga. Allí afuera hay mucha gente muy buena, y hay muchísima más gente que está tratando de vernos muertas, y además les conviene. Entonces no le pido eso a los libros. Sí son grandes compañías. En ese sentido, algo que va más allá del libro, es que están con vos durante momentos que son dolorosos.
Amor en cuarentena continúa hasta el 22 de agosto y pueden conseguir las entradas a través de Alternativa Teatral.
Por Lala Sosa
Arte: Van Arce
