Cleopatra

¿Cuántas veces se buscó reducir a la mujer a una imagen o un modelo? ¿Cuánto de esto sigue aún sucediendo en la actualidad? Las mujeres como objeto de deseo para el hombre, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo esta lógica machista y heteronormativa que crea estándares y regula aquello que es lo que está dentro de un sistema hegemónico y aquello que no? ¿Hasta cuándo hablaremos de hegemonía? Cuando una mujer sale de esa norma se la rechaza: se manipulan imágenes, se cambian cosas para poder quitarle el poder a alguien que no es hombre. La realidad es que estos hombres heteronormativos cis y patriarcales les aterrorizan las mujeres poderosas y frente a ese terror: la cancelación, la censura, las mentiras, la difamación y la distorsión por el simple hecho de ser mujer. Actualmente esta lucha es cada vez más abarcativa, mujeres y disidencias demuestran que también ocupamos lugares y que nadie tiene el derecho de sacarnos de ahí ni de creerse superiores: el falocentrismo como el patriarcado ya no nos frenan y ante las injusticias de este sistema recordamos a una mujer que fue completamente distorsionada: ella, su imagen, los mitos que se crearon a su alrededor. Cuando se habla de Cleopatra lo primero que se resalta es su belleza; al ser bella la caracterizan de femme fatale y por ende como una puta, como una mujer malvada por salirse de las normas de un patriarcado que existe desde esos tiempos. La mujer entonces como una imagen, pero ¿quién era Cleopatra? ¿Por qué solo se habla de su aspecto físico? ¿De su seducción? Hasta el día de hoy se cuestiona si su belleza era real o simplemente una leyenda. Debemos reivindicar a las mujeres históricas para que no sean solo una imagen bonita, para que no se reduzca a la mujer a ser envase u objeto. Eduarda Mansilla dice “allá va todo mi pensamiento, olvide si le es posible que soy una dama y tenga presente, que el talento y la belleza no tienen sexo”; encasillar a la mujer en la figura de dama era en ese contexto reducirla a alguien que no tiene la capacidad de desarrollar un pensamiento.
Por el simple hecho de ser mujer aparece la crítica o el ocultamiento a todo lo que hizo poniendo el foco únicamente en el aspecto físico de la misma, convirtiéndola en alguien olvidada en el discurso social. ¿Por que la llaman puta y malvada? ¿Por ser dueña de su vida sexual e independiente? Esto es lo que nos llegó de los romanos porque no podían con el peso de que una mujer decida sobre sí misma, que tenga ambiciones, sea inteligente y no se considere inferior al género masculino y patriarcal; la solución fue posicionar a Cleopatra como la destructora del hombre. El mito refleja el miedo, la inseguridad de saber que las mujeres también pueden ser líderes, también pueden gobernar y que no son inferiores, inferiores ellos por creerse superiores y dueños de una verdad que cada vez muestra más que no tienen ningún argumento sólido, el machismo como una niebla que lo cubre todo sin tener base, como una niebla espesa que estamos disipando.
Fue Cleopatra la última faraona del Antiguo Egipto quien en su mandato se puso al mismo nivel que políticos romanos colaborando junto a ellos, demostrando su capacidad diplomática y estadística. Además se interesó por el pueblo que estaba gobernando y aprendió a leer y hablar egipcio, algo que hasta el momento los faraones de su dinastía no hicieron, más allá de que hablaba nueve lenguas. A pesar de las crisis que sufrió durante su mandato logró controlar la moneda del Imperio; fue comandante naval gestionando su propia flota; dedicó un templo a la salud de las mujeres; escribió tratados de medicina. Insisto, ¿se va a seguir hablando y escribiendo únicamente de su “belleza”? ¿Hasta cuando se va a seguir romantizando la idea que la mujer consigue cosas solo si es bella? Plutarco escribió al respecto “Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje”, ¿qué se diría si Cleopatra hubiera sido hombre? Se hablaría de su capacidad, de su condición de líder, de su inteligencia y no se lo llevaría a sus gracias, a su dulzura, ¿son estos argumentos sólidos? Es el miedo a una mujer poderosa, es la reducción de todo lo que hizo y la insistencia de que por ser mujer hay un estereotipo y una forma de serlo, si bien cada época tiene una relación distinta con la sexualidad y el erotismo, en esta y en esa época, los estereotipos siguen estando y funcionando acorde a un sistema patriarcal, Cleopatra es la representación de muchas mujeres que se les quiere quitar la voz o el espacio que ocupan. Marta Lamas señala que: “La construcción de la feminidad y masculinidad  (…) lleva siglos y plantea cierto tipo de desarrollo, de actitud, de sentimientos, de abnegación… las mujeres son tiernas y los hombres son fuertes”, desarmar eso es una lucha que la llevó Cleopatra y llevamos nosotras.

Por: Florencia C. Barba Lijerón

Ilustración: Athina