Miss Bellas Artes

los deterioros de las palabras
deshabitando el palacio del lenguaje
el conocimiento entre las piernas
¿qué hiciste del don del sexo?
oh mis muertos
me los comí me atraganté
no puedo más de no poder más

Alejandra Pizarnik.

¿Qué se hace cuando todo a tu alrededor te señala de forma acusatoria imponiendo que lo que haces esta mal? ¿Cómo salir de ciertas lógicas opresoras que ponen etiquetas constantes? ¿Por qué está la necesidad de trazar una línea divisoria -completamente imaginaria, heteronormativa, cis y patriarcal- que dice qué es lo correcto y lo que no?

Lucila Morlacchi, autora de Miss Bellas Artes editado por Milena Caserola, se cuestiona el lugar de la mujer, de las disidencias, de aquello que muchas veces se considero como lugar otro o lugar débil que debe satisfacer las demandas de las masculinidades posponiendo constantemente el deseo propio y se pregunta: “¿Por qué no pude decir que no? ¿Por qué no pude formular una sílaba tan corta y fácil de pronunciar? ¿Por qué me sentía automáticamente formateada para complacerlo, olvidándome por completo de mi propio goce? Por mi mente se formularon mil preguntas más, hasta que logré entender que el placer sexual es político, que todavía no vemos con claridad todos los privilegios que tenemos, o que secretamente sabemos que no nos conviene verlos. Que todo lo que pasó esa noche no fue culpa mía”. Si hay algo de lo que se encarga la sociedad patriarcal es también más allá de establecer que son ellos quienes son dueños del deseo, es quitar agencia a quienes no forman parte de ese sector, de volverlos culpables cuando las lógicas de su sistema fallan. La construcción de una agencia propia es una lucha que viene de hace muchos años, este libro es una prueba irrefutable de ello porque narra en carne propia y con una desnudez completa las formas de relacionarse, la mirada prejuiciosa del otro, los silencios que son tantos, el llanto cuando estás sola y nadie te mira, la palabra que se queda atragantada que duele y que pesa, que quiere soltarse pero se queda ahí estancada haciéndonos sentir culpables aunque no lo seamos, explora el deseo para poner en evidencia que todos los cuerpos son deseantes de la forma que quieran serlo. 

¿por qué grita esa mujer?

¿por qué grita? 

¿por qué grita esa mujer? 

andá a saber 

esa mujer ¿por qué grita?

Susana Thénon.

El grito no debe aparecer como último recurso, todos los feminismos y disidencias deben tener la agencia para poder decir lo que quieren y lo que no quieren, frente a esto se presenta la dificultad de una sociedad que oprime, presiona, discrimina, excluye, violenta y mata; luego la sociedad se pregunta: ¿por qué grita?, grita porque ya no puede más. Miss Bellas Artes, es el lugar de ese silencio que se construye dentro y que supo decir basta, pero que para llegar a eso atravesó varios años de un no atragantando, de un no que se tomó muchas veces como un sí, de un no que nunca se dijo porque en su mente satisfacer el deseo del otro era más importante, “Le dije que parara. Le dije que no quería darle un beso. Me dijo que, a veces, un no significa un sí (…) No entendía cómo habíamos llegado hasta ahí y me culpaba por haber aceptado la invitación (…) Solo recuerdo que, cuando se fue, me di cuenta de que estaba temblando y no recordaba desde hacía cuánto”. 

Butler insiste en que “el feminismo se trata de la transformación social de las relaciones de género”, no se puede no pensar al género sin pensar en las diferencias notorias y en la desigualdad existente. Al género masculino se le enseña que su placer está bien y que debe ser explorado, la paja es algo normal; en cambio al género femenino y a las disidencias no se les da lugar al placer, se lo censura diciendo que eso es incorrecto, que no debe hacerlo, la paja entonces es secreta, es lo prohibido, es la censura constante. Frente a esto dice la autora: 

El machismo toma forma cuando un hombre vale más que una mujer. Cuando ya no somos personas, si no configuraciones que se relacionan en base al poder que tienen. Los hombres, dueños de todo el poder y con mercancía fresca siempre al alcance de sus manos. Nosotras todavía saliendo del rol de mujer objeto al cual estamos muy acostumbradas. Un objeto no tiene poder. Un objeto es. Simplemente es. Como mucho cumplirá ciertas funciones. Cuando vemos cuanto de personas hay en nosotras y cuanto, de objetos en nuestros opresores, ahí es cuando empieza a nacer nuestro propio valor. Un valor que parece un brote al cual hay que acercarse mucho para verlo bien. Un brote que promete.

El libro agrega una pregunta constante que resuena como una gota que cae, en su lectura nos preguntamos, ¿por qué cargamos a la palabra “puta” con una connotación negativa? ¿Por qué decirle a alguien puta es un insulto? Mayormente, se utiliza dicho término para referirse a una persona que disfruta de su sexualidad, como el placer se piensa que es solo de las masculinidades estas mismas señalan a quienes no sean ellos y tengan placer para ponerles una etiqueta. Reconocerse entonces como puta no debe ser negativo, no se puede permitir que nos sigan quitando el goce y el placer, ser puta no debe ser una etiqueta que nos pongan las masculinidades, ser puta no debe ser un peso que cargar. En el capítulo “Que me hace ser puta”, Morlacchi, reflexiona sobre esta palabra, sobre el peso que le damos, lo que sentimos también por reivindicarla.

Por Florencia C. Barba Lijerón

Arte Matilde Néspolo